cultura

Pipo Lernoud, un poeta fundador del rock nacional

Formó parte del núcleo inicial de lo que sería el rock en nuestro país, escribiendo sus primeras canciones junto a Moris, Miguel Abuelo y Tanguito.

En los años 60 Pipo Lernoud se reunía en La Cueva con un grupo de jóvenes y escribían canciones sobre su realidad. Cuando el local cerraba, se iban todos caminando en grupo, con las guitarras, a La Perla del Once.

“Los primeros que realmente escribieron canciones con una visión personal y propia fueron los de La Cueva. Hay que decir que fue un grupo y no una persona, porque el rock nacional, al principio, fue una creación colectiva”. Así lo rememora.

Era un trabajo de colmena. Ninguna abeja decía “esta miel la hice yo”. En el segundo disco de Moris hay una canción dedicada a Pipo Lernoud, a ese compañero al que imagina “en cada esquina, barrio, vos estás siempre presente/ con tu cigarro prendido, apoyado en el umbral”.

“Moris escribía muchísimo, tenía su propio cuadernito en el que anotaba vértigos, con el mandato de escribir todo y tirarse de cabeza al mar del lenguaje. Moris es probablemente el otro extremo de Spinetta, que fue el que trabajó más consciente y artísticamente sus palabras. Moris está en el extremo opuesto, lo que no le impidió hallazgos impresionantes”.

Pipo quería ser poeta, leía poesía enloquecidamente. “Por una revista literaria me enteré que existía un lugar llamado La Cueva. Me decía: Estos tipos piensan como yo, leemos lo mismo y les gusta el jazz y Los Beatles. Ahí empecé a escribir letras. En mi casa, con una latita y dos palitos me acompañaba mientras componía. Le llevé la letra de Ayer nomás a Moris, y en dos minutos le dio forma. Ahí me recibí de escritor de canciones”.

Cuando Los Gatos fueron a probarse a RCA llevaron un puñado de canciones, entre ellas La balsa y Ayer nomás. Era la época de la dictadura militar de Onganía y la canción fue censurada. “Cuando Lito me contó lo sucedido con Ayer nomás yo cometí un error muy grande: en vez de modificarle la letra dejé que la cambiara él, y Lito la convirtió exclusivamente en una canción de amor frustrado. Pero gracias a Los Gatos la canción se hizo muy conocida y me sirvió para financiar a Los Abuelos de la Nada”.

El día que conoció a Miguel Abuelo duró toda su vida. No pudo olvidarlo. “Lo conocí en la pensión en la que vivían los músicos de Moris. Era un pibe de mi edad, de la calle, morochón, un personaje muy especial. Un pícaro que escribía poemas y los recitaba. Me hice muy amigo de él. Tomaba vino barato en botellas de litro con tapa a rosca. Lo empecé a llevar a La Cueva. Miguel no tenía la menor idea de lo que era el rock ni del significado cultural que nosotros le dábamos. Le gustaba mucho el folklore. Ahí empezó a aprender a tocar la guitarra. Cuando lo echaron de la pensión lo llevé a vivir a mi casa y ahí empezamos a componer canciones juntos”.

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Ben Molar se interesó por el éxito de estos jóvenes y los citó a una reunión en la RCA. Pipo fue con su madre, ya que él era menor de edad. Los acompañó Miguel Abuelo. Ante los elogios a Pipo y su pandilla, la madre hizo una revelación: “El que mejor canta de todos es este muchacho, Miguel Peralta”. Entonces, el productor musical quiso saber si tenía un “conjunto”, Miguel mintió y dijo que sí e informó: Los Abuelos de la Nada. Había sacado la expresión del libro El banquete de Severo Arcángelo, de Leopoldo Marechal. El único inconveniente es que el grupo no existía.

Así lo recuerda Pipo Lernoud: “Fuimos a la Plaza Francia, lo encontramos a Pomo, que por entonces tenía 17 años. Tenía un grupo en su barrio en el que tocaba un amigo al que le decían Pappo. Ni bien lo escucharon cantar a Miguel lo contrataron para que hiciera un disco. Con la plata que había cobrado por Ayer nomás.

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