POR DR. EMANUEL GRASSI, BIÓLOGO

Diversidad Biológica para el bienestar de todos

El 22 de mayo se conmemora la Jornada Internacional de la Diversidad Biológica.

POR DR. EMANUEL GRASSI, BIÓLOGO

El 22 de mayo se conmemora el Día Internacional de la Diversidad Biológica. Su objetivo es crear conciencia sobre los bienes que aporta la biodiversidad al planeta, su gran valor para las generaciones presentes y futuras, y que su principal amenaza es la actividad humana.

Hace cientos de años, los pueblos indígenas utilizaban como mecanismo para medir la salud de la comunidad, a la biodiversidad, así como la fuente de la materia natural que permite sanar, alimentar y preservar a la comunidad a lo largo de los tiempos. Una comunidad donde su crecimiento es resultado de la sobreexplotación y degradación de la biodiversidad, es un pueblo destinado a la falta de alimentos, problemas de salud, disminución de territorios fértiles y quedar a la deriva de las inclemencias climáticas.

La sociedad globalizada donde vivimos es una gran comunidad que consume y degrada el planeta a pasos agigantados. En Julio de 2019 consumimos 1.75 planetas, eso significa que, para el mantenimiento de nuestro crecimiento, necesitamos los recursos de casi 2 planetas por año, pero solo contamos con uno.

Mientras que el consumo de los recursos naturales por parte de los seres humanos excede la capacidad terrestre de regenerarlos, el crecimiento económico mundial va en aumento.

Según el reciente informe de la Plataforma Intergubernamental sobre Biodiversidad y Servicios de los Ecosistemas (Ipbes), la economía mundial registró un crecimiento sin igual luego de la Segunda Guerra Mundial, llegando a cuadriplicar la renta per cápita real (o el PIB) en todo el mundo. Pero también en este periodo de tiempo la diversidad biológica disminuyó a un ritmo más rápido que nunca antes en la historia humana.

Se podría inferir entonces que si el PBI mundial creció 4 veces, las naciones son más ricas y hay mayor bienestar. Pero nos estamos olvidando que estas cifras no consideran las externalidades negativas respecto de costos sociales, ambientales o de salud, derivados de las actividades económicas realizadas, especialmente, las vinculadas a la explotación de recursos naturales y cómo estos afectan a la biodiversidad.

Esta falta de armonía con la naturaleza tiene un costo real y cada vez más es posible medirlo mejor, de hecho, la situación actual de pandemia genera un costo para la economía mundial que asciende a USD 4,1 billones. Hoy más que nunca vemos reflejado la imperiosa necesidad de pensar en sistemas productivos que integren a la biodiversidad en su ecuación, donde del crecimiento económico de las sociedades no sea ajeno de lo que ocurre en el ambiente.

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El bienestar de un pueblo no debe más ser medido por el dinero en su bolsillo. El bienestar de un pueblo debe ser el reflejo de los servicios ecosistemicos que tiene la nación en su territorio, el esfuerzo en la preservación de la diversidad genética, de especies y ecosistemas, en el equilibrio entre sistemas productivos y el ambiente, en la superficie de bosques nativos, en la resiliencia de sus suelos y su conciencia ambiental.

Un pueblo que valora y cuida su biodiversidad, está cuidando la salud y la alimentación de las generaciones presentes y futuras.