Cultura

Las historias de amor que vivió Jorge Luis Borges

Dos veces se casó y la primera fue con una mujer platense, con quien terminó la relación sin despedirse. Su gran amor le rechazó su propuesta de matrimonio.

En la última conferencia que Jorge Luis Borges dio en Madrid, en mayo de 1985, le preguntaron: “¿Qué piensa del amor?”. Él respondió: “La verdad es que no dejo de pensar en él”.

Era un hombre muy sensible a la belleza de las mujeres, era capaz de poner toda la literatura universal a los pies de su preferida. Cuenta su biógrafa y amiga, María Esther
Vázquez: “Yo lo acompañé a una recepción muy importante y entró una amiga de él, Emma Risso Platero, una uruguaya lindísima. Yo le dije que había entrado Emita y que estaba maravillosamente vestida, llevaba un vestido negro con pequeños lunares blancos. Inmediatamente Borges empezó a recitar un poema de Dante Rossetti que hablaba de la noche hecha de ojos”.

Un hombre de amores fallidos, de pasiones desencontradas, tan imposibles de abrazar como el aire: “Yo, que tantos hombres he sido, no he sido nunca aquel en cuyo abrazo desfallecía Matilde Urbach”. Por eso, ante el amor, se ocultaba o huía. Contra el amor de nada sirven los talismanes, la vaga erudición u otras magias inútiles, el resultado es siempre el mismo. En El amenazado, confiesa: “El nombre de una mujer me delata. Me duele una mujer en todo el cuerpo”.

Jorge Luis Borges y Estela Canto se conocieron en noviembre de 1944, en una de las reuniones organizadas por Silvina Ocampo y Bioy Casares. Estela, morena y delgada, tenía 28 años y militaba en el Partido Comunista. Vivía junto a su madre y su hermano.

Esa noche Borges la acompañó hasta su casa. Se quedaron conversando hasta las 3 de la madrugada. A partir de allí, la visitaba a diario con la excusa de que lo ayudara a pasar en limpio los manuscritos de El Aleph (cuento que le dedicaría). La madre de Borges tildaba a Estela de desenfadada y vulgar. A pesar de las críticas maternas, Jorge Luis Borges le propuso matrimonio.

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Ella no aceptó. La pareja se disolvió dos años después. Ella se fue a vivir al Uruguay. Cuentan que, hacia 1955, Estela regresó a Buenos Aires, y una tarde, alcoholizada, lo abordó en las cercanías de la Biblioteca Nacional y le pidió que se casaran. Esta vez fue él el que dijo que no. Años después, volverían a encontrarse para almorzar, hablar de literatura y, sobre todo, de los viejos tiempos.

Jorge Luis Borges y Elsa Astete se casaron por civil y por iglesia, el 21 de septiembre de 1967. Se habían conocido en la ciudad de La Plata, en el Museo de Bellas Artes. Los presentó el escritor dominicano Pedro Henríquez Ureña. Borges tenía 32 años –doce más que ella–. Según cuenta ella: “Después de que Henríquez Ureña nos presentó, nos fuimos a tomar el té al Jockey Club, y a la semana siguiente Alicia y yo fuimos a Buenos Aires para encontrarnos. Desde entonces no me dejó más. Me perseguía a sol y a sombra. Fue en esa primera cita cuando Borges me juró amor eterno”.

Una noche de 1969, en Nueva York, Borges, Elsa y el traductor Norman Thomas Di Giovanni fueron invitados a una cena en lo de Rodman Rockefeller (hijo del entonces gobernador de Nueva York, Nelson Rockefeller). Cuando llegaron al departamento de la Quinta Avenida, Elsa sacó una pequeña Kodak y fotografió todas las habitaciones, baño incluido. Uno de los invitados le preguntó a Norman: “¿De dónde sacó Borges a esta zorra de clase baja?”. Y, aunque Di Giovanni describe la incomodidad que le produjeron esas palabras, no se privó de ponerlas en su libro Georgie and Elsa. No era exigua la lista de quejas que Borges tenía respecto a su esposa, por ejemplo, decía: “Se inmiscuye en todos mis asuntos”.

Borges dio por terminado su matrimonio con Elsa sin discutir. No hubo palabras de despedida. Sencillamente, una mañana de 1970 se fue a la Biblioteca Nacional, como todos los días, y no volvió.

Poco tiempo después de morir su madre, el escritor fue invitado por una universidad estadounidense; y una joven de padre japonés, María Kodama, viajó con él y se convirtió en su secretaria. El tenía 76, ella, 20. Contrajeron matrimonio en abril de 1986. Juntos escribieron el libro Atlas, y él le escribió un poema en el que la reconoce inagotable y pura: “Yo pronuncio ahora su nombre, María Kodama”.

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