EN FOCO

Una realidad que duele: tres de cada diez platenses son pobres

La Universidad Católica de La Plata publicó el primer Indicador de Integración y Desarrollo de la ciudad. Los resultados que más se destacan son que tres de cada diez platenses son pobres y 60 % de los asentamientos requieren de un alto grado de integración

La devaluación del peso, la inflación y el desempleo van dejando sus lacerantes huellas en toda la Argentina y La Plata, capital de la Provincia, no queda ajena. 3 de cada 10 platenses hoy viven en situación de pobreza, mientras que 6 de cada 10 asentamientos requieren de un alto grado de integración, tal como acaba de revelarlo el primer Indicador de Integración y Desarrollo de la ciudad que elaboró la Universidad Católica de La Plata (UCALP)

En porcentajes, se trata de un 30% de pobres, un 6,4% más que el 23,6% arrojado por el Indec en el segundo semestre del año pasado.

Para llegar a esta conclusión, el Observatorio Socioeconómico de la Ucalp recorrió durante varios meses las más de 26.500 viviendas distribuidas entre los 154 asentamientos de La Plata, la ciudad con más barrios precarios de la Provincia. Luego, el indicador fue complementado con otros 3.000 datos.

En los barrios, codo a codo con los que sufren, junto a los más de 196.295 vecinos que sobreviven fuera del sistema, está la columna vertebral del trabajo realizado por la institución educativa. Allí “se presentan las mayores necesidades. Son lugares en los que es muy difícil establecer prioridades. Todo es urgente. Ahí nadie puede esperar”, precisa a diario Hoy el Secretario General de la Ucalp y Coordinador General del Observatorio Socioeconómico, Lic. Fernando Brugaletta.

Si sobre el escritorio aparecen las estadísticas frías, allá afuera, agrega el directivo de la Ucalp, “uno ve cómo se profundizan la pobreza, las necesidades” y cómo, quienes sufren el flagelo, “desean tener una mejor calidad de vida”. 

Son personas que sueñan con otro futuro, con poder salir alguna vez de pobres, por más que hoy el indicador multidimensional de la pobreza lanzado por la Ucalp arroje números dramáticos: un 30% de platenses en condiciones de precariedad, no solo económica (en un 88,7%), sino también en la dimensión sanitaria (3,8%), educativa (3,4%) y de seguridad (4,1%).

Este análisis completo, integral, abarcando otras dimensiones que hacen a la pobreza, yendo más allá del drama de no poder cubrir los costos de la canasta básica, explican el importante salto del 23,6% medido por el Indec al 30% registrado por la Ucalp. 

“La pobreza medida de manera multidimensional nos sitúa en los grandes problemas estructurales que existen”, precisa Brugatella.

En efecto, del informe se desprende que 8 de cada 10 asentamientos platenses no cuentan con acceso a cloacas; 7 de cada 10 no tienen red de gas; 2 de cada 10 no acceden a la red de energía eléctrica; 5 de cada 10 no poseen tanque de agua corriente. En tanto que en 3 de cada 10 falta el alumbrado público; y 5 de cada 10 no tienen asfalto en su calle principal.

¿Qué implica que en la capital de la Provincia asistamos a esta cruda realidad? Para el Coordinador del Observatorio de la Ucalp, es un llamado a un mayor compromiso “de todos los actores, sociales, políticos, económicos, académicos, etc”. Para él, hay que generar “un pacto moral donde nos comprometamos de manera real y concreta”.

Pero, sobre todo, es una clara muestra de que “la ausencia del Estado repercute directamente en el habitante de las villas o asentamientos” y, sobre todo, en los niños. De ahí que la intención final del equipo de trabajo que coordina sea poner el foco en la primera infancia: “Erradicar la desnutrición infantil solo será posible si se considera como política de Estado”, asevera y añade que esa política “debe lograr un cambio cultural de la salud, haciendo foco en las familias, entendiéndola como ‘célula social’, priorizando a la madre, al niño y su cuidado”.

¿Cómo llevar a cabo esa necesaria política de Estado? “A través de un fuerte y humilde consenso político social -asegura Brugatella- que genere un pacto sostenido en el tiempo que atienda las problemáticas en todo el país. Para eso será necesario poner sobre la mesa toda la información estadística actual, lo que permitirá lograr un programa federal de tratamiento infantil” y, de ese modo, alcanzar “cada uno de los objetivos que hacen a las multifacéticas caras de la pobreza”.

El Estado tiene la obligación moral de cambiar la historia

Por M.R.CH. V. de B.

Es tan loable el trabajo de la Ucalp, como dramática su conclusión: más de 196.295 platenses en la pobreza, como parte de un país en el que más de 14,6 millones de argentinos están condenados a no comer y otros tantos que, sin aún no cayeron en el pozo crítico de la miseria, sienten su amenaza atroz, como una sombra. Son los efectos de un Gobierno que ha decidido privilegiar la especulación financiera en lugar de apostar a la producción, que genera empleo e incluye.

En este escenario, ¿cómo lograr que los pobres salgan de su condición de tales? ¿Descansando en la caridad eterna, en la mano generosa del vecino, en la limosna del plan social?

Por supuesto que no. Por esta senda, el buen samaritano que hoy solidariamente da, mañana caerá fuera del sistema, será un pobre más, no tendrá mano que tender. En el mundo capitalista en el que vivimos, es el Estado el que debe resolver el rumbo de la historia: los pobres, que nos duelen a todos, que deben dolernos a todos, son sus víctimas. Sacarlos de su pobreza, entonces, resulta una decisión política indelegable: a través del fomento de la obra pública, que así como genera infraestructura (desde viviendas y cloacas a los hospitales o las escuelas que faltan) crea empleo digno, lo que redunda en más consumo y un mercado interno más fuerte.

En cambio, el Gobierno destruye empresas, asfixia PyMes e industrias mientras privilegia la fuga de capitales golondrinas, que alientan la devaluación, favorecen el desempleo, aceleran la inflación. Agitar el remo de la solidaridad contra esas aguas merece ser celebrado, por quijotesco. Pero sin el acompañamiento del Estado, sin un cambio radical en la política económica, cualquier intento de remar contra la corriente resultará en vano. 

EL INFORME: