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Cuando Adriana Varela fue protagonista de una novela

Manuel Vázquez Montalbán, el escritor catalán autor de novelas policiales de mucho éxito, quedó deslumbrado con la cantora de tangos y la hizo personaje de uno de sus libros.

Aún gobernaba Carlos Saúl Menem cuando Manuel Vázquez Montalbán llegó a Buenos Aires para ambientar una serie televisiva que tendría como protagonista a su célebre detective Pepe Carvalho. Unos amigos porteños lo llevaron una noche a la rosa de Alejandría del Barrio de San Telmo, un local llamado “El Berretín”, donde un presentador maquillado y vestido de clown, daba entrada a los sucesivos artistas, hasta llegar al plato fuerte de la noche, el Polaco Goyeneche. Evoca Vázquez Montalbán: “Me dijeron, que el Polaco estaba moribundo, pero en cuanto salió a escena se afirmó sobre sus zapatos color crema y propuso el tango como una demostración de estar vivo”. Allí conoció a una casi debutante Adriana Varela, amiga de Goyeneche, a quien el escritor catalán describiría así en su novela “El Quinteto de Buenos Aires”: "Aparece una mujer escotada y blanca. Enigmática y con las siete puertas y los seis sentidos puestos bajo la luna".

Años después, el escritor español comentaría esta experiencia a su amigo, Jorge Valdano, quien ya conocía a Adriana Varela e incluso sabía que la había apadrinado El Polaco con un comentario tajante: "no me gusta que las nenas canten tango, pero Adriana es un caso aparte". Vázquez Montalbán tenía en la memoria el registro de tangos cantados por Libertad Lamarque, Imperio Argentina, Susana Rinaldi, pero el estilo de Adriana Varela era distinto, representaba una alternativa radical: “ El tango ha de salir del cuerpo por todas sus puertas, hay que cantarlo con los seis sentidos, y ella lo emitía desde el centro del mundo, el lugar elegido por sus pies para apoderarse del escenario, sin permitirse señales extras, presencia y voz, como la Piaf o Chavela, a lo sacerdotisa austera, quizás el exceso de sus ojos como una ventana y ventosa de nuestra entrega de espectadores sometidos”.

Para el escritor, la prueba decisiva para cualquier intérprete de tango es asumir el repertorio clásico como si lo estrenara. No bien la vio a Adriana Varela supo que pasaría a las páginas del “Quinteto de Buenos Aires” como ella misma, una cantante que expresa según vive. Fue de alguna manera su musa para escribir varios tangos que subrayan las estrategias narrativas, con el fin de que Adriana los cantara en lo que nació como serie de televisiva y acabaría en novela.

Antes de volverla personaje, Vázquez Montalbán se interiorizó de la biografía de la cantante, quería develar de dónde venía y hacia dónde iba: muchacha rockera universitaria que consideraba el tango un paisaje melancólico para jubilados de la biología y de la historia, como todos los argentinos que fueron muy jóvenes en los años de la peor dictadura argentina de este siglo. Dice Manuel Vázquez Montalbán: “El rock autóctono de aquellos años se adaptó a la estrategia de la protesta, mientras el tango seguía expresando una marginalidad esencial no asumida por aquellos jóvenes sacrificados en el penúltimo altar revolucionario de la modernidad. Luego Adriana Varela conoce medio mundo, porque durante varios años ejerció de esposa de tenista, del que se quedó los hijos y el apellido, dice, porque algo debía quedarle, ya que nunca le pasó la pensión acordada. Fonoaudióloga, terapeuta de la voz y la audición, y estudiante de psicoanálisis, de pronto la ruptura sentimental la convirtió en una mujer que proyectaba tener un proyecto”. No fue su biógrafo pero sí su amigo, lo que motivó que se encontraran cada una de las muchas veces que Adriana Varela fue cantar a Barcelona.

Adriana Varela, quien de joven era habitué del Café Homero, fue instada por el Polaco Goyeneche para que cantara tangos: “Veníte a cantar los fines de semana”. Hacía prácticas en un hospital y cantaba los domingos como telonera de una de las leyendas del tango. Sin saber, estaba dando los primeros pasos que la harían entrar para siempre en la historia del tango, y en la literatura de uno de los mayores escritores de nuestra lengua.

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