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El candidato a Premio Nobel que mató a hachazos a su mujer

Gu Cheng fue un poeta chino candidato para el mayor galardón mundial de literatura que asesinó a su esposa y luego se suicidó.

La noticia fue estremecedora: el 8 de octubre de 1993, el poeta chino exiliado en Nueva Zelanda, Gu Cheng, de 37 años, se ahorcó tras matar con un hacha a su mujer, Xie Ye, de 35, en la isla de Waiheke, cerca de Auckland. Ella murió camino al hospital, el mismo día, él decidió quitarse la vida.

Su nombre había sonado como candidato al Premio Nobel de Literatura y su obra ya había sido traducida a varios idiomas. Gu Cheng abandonó China en 1986 y no pudo regresar al serle prohibida la entrada en el país por haber criticado con dureza al régimen tras la represión de la plaza Tienanmen, en Pekín. Hasta el día de hoy es recordado como uno de los mayores poetas de la historia.

Nació en Pekín, su padre era Gu Gong, un prominente miembro del partido comunista, poeta y oficial del ejército de Mao. Con la llegada de la Revolución Cultural, su familia fue enviada al campo para ser reeducada, y él tenía doce años por entonces. Allí permanecieron cerca de cuatro años, criando cerdos, Gu Cheng dijo haber entrado en contacto con la naturaleza y empezó a escribir poemas.

Era escandalosamente joven cuando se convirtió en uno de los legendarios poetas orientales, el día que cumplió treinta años escribió que el poeta es como el cazador que se duerme una siesta contra un árbol del bosque, a la espera de que los venados estrellen sus cabezas contra el tronco de ese árbol; luego de un tiempo, el cazador descubre que él es el venado.

Gu Cheng fue uno de los máximos representantes de la llamada “poesía oscura” —que reunía a los poetas modernistas chinos—, junto a otros nombres como el de Bei Dao, Mang Ke, Yang Lian, Shu Ting, etc. Con una fama asentada como poeta, en 1987 viajó por Europa y Estados Unidos participando en intercambios culturales y educativos. Más o menos en esta época, comenzaría a adoptar la costumbre de llevar sombreros hechos de tela de pantalón, que se convertirían en un elemento muy reconocible de su imagen.

El propio Gu Cheng afirmó que su primera experiencia poética fue una gota de lluvia. Desde entonces, su madre y su hermana comenzaron a transcribir sus poemas. Era muy joven cuando comenzó a trabajar en una fábrica y vivió en una pensión.

Con una pandilla de poetas mayores que él, decidieron hacer una revista a la que llamaron igual que a este diario: Hoy. Pegaban clandestinamente hojas mimeografiadas con poemas en las paredes de la ciudad, que las autoridades arrancaban a la mañana siguiente, pero ya era tarde: la gente del barrio ya se había aprendido los poemas de memoria.

Cada vez que aquel célebre grupo conseguía autorización para realizar una lectura pública, el lugar estallaba de fanáticos. El mote que les quedaría fue Poetas nebulosos. El escritor argentino Juan Forn sostuvo que, a pesar de que Cheng desconocía casi la totalidad de la poesía moderna occidental, su obra parecía contener cada una de sus evoluciones, desde la introspección de los simbolistas a la alucinada prepotencia de los graffitis del Mayo francés. Se convirtió en una celebridad literaria y lo invitaban desde todas partes del mundo.

La Universidad de Auckland lo contrató para dar un curso elemental de lengua china y los pocos alumnos que acudieron esperaban en silencio que Gu Cheng hable. Él esperó a que los alumnos hicieran preguntas, aunque él no sabía una palabra en inglés ni en maorí. Finalmente, la universidad lo despidió. Sin embargo, poco después, Occidente se enamoró de Gu Cheng: lo tradujo y lo hizo parte de la mayoría de las ceremonias literarias.

El poema de dos líneas titulado Una generación fue quizás la contribución más famosa de Gu Cheng a la literatura china contemporánea. Se había considerado una representación precisa de la generación más joven durante la Revolución Cultural China: “La noche más oscura me dio ojos de color oscuro/Sin embargo, con ellos estoy buscando la luz”.

En sus últimos años, el poeta se dedicaba a vender rollos de primavera y también había instalado un local donde se mercaba cerámica, pinturas y libros.

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