Cultura

Esteban López Brusa: reflexiones de un escritor platense

Diario Hoy conversó con el escritor y docente sobre sus inicios en la literatura, sus libros redilectos y la ciudad que reflejó sus apetencias, rechazos y obsesiones. La mirada personalísima de uno de los autores locales más reconocidos.

López Brusa nació en La Plata en 1964. Es profesor de Letras, fundador y codirector de la revista de literatura La Muela del Juicio. Es el autor de varios libros destacados, como La temporada, La yugoslava, Huevo o cigota y El lecho, entre otros.

—¿Cuándo hiciste de la literatura una elección lúcida?

—Bueno, creo que no fue exactamente una elección de mi parte. Fue un deslizarse por una cinta que comenzó tal vez en mi infancia y que me acompañó mucho tiempo de mi vida. Como el seguimiento del deporte, o del rock, o algunos otros afectos. No creo que la decisión de estudiar una carrera como Letras haya sido sino un mojón más en ese desplazamiento. Es un modo de estar que se va dando solo.

—¿Cuáles son las condiciones ideales para escribir?

—Aprender a manejar la dosis de tiempo libre necesario para hacer algo que no sirve para nada, desde el punto de vista de su utilidad material, por supuesto. Me refiero a que existen a diario tentaciones ínfimas para desacelerar el “compromiso” con la escritura. Mañana juegan los Phoenix Suns contra los Lakers, es un partidazo increíble, ¿no lo voy a ver porque tengo que corregir la novela? Bueno, distribuir los tiempos, siempre que uno haya parado la olla familiar, claro.

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—Estudiantes de La Plata ocupa la centralidad de una de tus novelas, La yugoslava. Contá alguna anécdota nacida de esa pasión futbolera.

—Bueno, voy a la cancha desde muy pequeño. Disfruté y disfruto muchísimo de esa experiencia. Uno se radica entrañablemente en un club, pensemos que se trata de una realidad la del fútbol que se renueva permanentemente. Cuando pequeño, la portera de la escuela donde enseñaba mi mamá me llevó a conocer a “La Bruja” Verón (Juan Ramón), mi ídolo total por ese entonces. Fue un miércoles, “La Bruja” tenía un taller mecánico. Y el sábado siguiente, por la mañana, se apareció en mi casa con una foto autografiada de regalo, ya se iba para Santa Fe, jugaba Estudiantes contra Colón ese domingo. Yo, que me dediqué a la literatura, tenía que retribuírselo de algún modo. Escribí La yugoslava para regalarle un ejemplar. Pude hacerlo, tuvo la generosidad de venir a la presentación del libro.

—¿Qué pudiste averiguar de la relación de Manuel Puig con el club Estudiantes?

—Que nadaba en la pileta de calle 1 los veranos cuando venía de vacaciones a La Plata, a la casa de sus tías. Era socio, tengo una fotocopia de su carnet, me la mandó su madre Male hace muchos años por intermedio de una amiga en común. ¿Qué tendrá que ver Manuel Puig con Estudiantes? Bueno, de eso se trataba también, de que tuvieran que ver.

—¿Cuál es el mejor texto sobre fútbol que leíste?

—Es muy difícil el asunto. Parecería ser un tema viciado de nulidad el fútbol en la literatura, hay un divorcio casi irreconciliable y entendible. Es que la buena literatura escribe encima de la literatura, y las expectativas son muy diferentes: al leer literatura uno espera que se produzcan sentidos literarios diferentes, que amplíen lo que entendemos por realidad. Y frente al código bastante cerrado del fútbol, el asunto se complica...

—¿Cuáles son los lugares de La Plata que te resultan más entrañables?

—El tramo de la 532 entre 1 y 115 y la plaza de Tolosa, del lado de la Iglesia del Carmen, donde jugué mucho en la infancia. La esquina de 115 y 34, por supuesto, horas y horas de ocio recreativo. El estadio de Estudiantes en calle 1, más que nada la cancha auxiliar, que tenía un poder de penetración fuerte porque pasabas por ahí y te metías en el lado B de ese mundo. El edificio de radio Universidad en Plaza Rocha. Y, en especial, algunos bares de La Plata donde pasé buenísimos momentos y pasaron buenísimas botellas: Jhonatan y La Enseña de las Tres Ranas, la exlibrería Capítulo II, el espacio cultural Malisia, en 59 y 6, y la vieja librería Patio Interno, en City Bell. Qué suerte que mencioné estas últimas, porque ahora veo que buena parte de mis elecciones han desaparecido o cambiado de rubro.

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