Ferromodelistas: “Cuando uno está con sus trenes, el estrés desaparece”

Desde hace 60 años, el platense Marcelo Asborno cultiva su pasión por los trenes eléctricos a escala. “Tengo 175 locomotoras y unos 500 vagones”, manifestó

La pasión por los trenes es intrínsecamente humana. Atravesada por toda una mitología de viajes y avances mecánicos, de trabajadores enamorados de su oficio y niños fascinados con la llegada de esas máquinas humeantes. Así, casi en simultáneo a la propia existencia de los trenes, nació el ferromodelismo o modelismo ferroviario: la afición por coleccionar y representar a escala el mundo completo de esos vehículos. En su refugio en Tolosa, Marcelo Asborno viene cultivando esta pasión por los trenes eléctricos a escala desde hace unos 60 años.

“Mi pasión comenzó el 13 de octubre de 1962, cuando cumplí 10 años”, dice Asborno. “En aquella fecha, mis padres volvieron de un viaje por Europa y nos trajeron un set básico de trenes eléctricos alemanes Märklin para cada uno de los tres hermanos. Ahí empezó el entusiasmo y poco a poco fui conociendo su funcionamiento, aprendiendo a desarmarlos”. Así, focalizado en esa marca alemana y la escala H0 (es decir, 1 en 87), arrancó una colección que hoy asciende a 175 locomotoras y unos 500 vagones, de carga y de pasajeros. Entre las maquetas y las reproducciones fieles de trenes que tienen han tenido su correlato en la vida real.

“Esas locomotoras y vagones son, en su mayoría, de un sistema analógico”, explicó Asborno. “Funcionan con corriente alterna, pero también tengo algunos modelos, fabricados en la década del 2000 y actualmente, que son digitales. Ese funcionamiento hace que no solo sean reproducciones de los verdaderos, sino que incluyen el sonido de las locomotoras originales, con el silbato, la campana, el humo que largan por la chimenea. Sin embargo, en general, me gustan más los modelos analógicos fabricados entre los 50 y fines de los 70”, comentó.

Precedido por antecedentes familiares en el mundo de ferrocarril, Asborno desarrolló su conocimiento por esos trenes en todas las direcciones posibles: históricas, mecánicas, estéticas, etc. El gran valor secreto, sin embargo, siempre es afectivo. “Tengo en la colección algunos modelos con un valor especial: aquellos originales que nos regalaron nuestros padres. Y particularmente, algunos que me han regalado mis hijos”, contó.

De esa forma, junto a su hermano Horacio y una red de ferromodelistas en distintas partes del país, encontró el espacio ideal para su entusiasmo. “Una de las satisfacciones más grandes que tiene este coleccionismo es el compartir con amigos”, dijo. “Para todos es un cable a tierra que disminuye el estrés que provoca la vida cotidiana. Cuando uno está con sus trenes, el estrés desaparece”, concluyó.

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