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La correspondencia entre Juan Domingo Perón y Raúl Scalabrini Ortiz

El líder de masas tenía admiración por este intelectual, cuya obra desnudó la penetración inglesa en el Río de la Plata, radiografiando el proceso del subdesarrollo de nuestro país.

En junio de 1928, a los 30 años, Raúl Scalabrini Ortiz escribió: “He tenido tantas almas que ya no sé cuál es la mía. Por lo menos, la primera me aseguran que comenzó en Corrientes en 1898”. Nació a orillas del Paraná. Era hijo de un filósofo, pedagogo y paleontólogo, que llegó a dirigir el Museo de Paraná. “En mi niñez hay algo de todo ello, y aún ahora”, decía. Se radicó en Buenos Aires para estudiar Ingeniería, carrera que cursó hasta quinto año. “El cálculo infinitesimal y las geometrías analítica y proyectiva no tenían secretos para mí”, expresaba. Pero ya había sucumbido a los encantos de la bohemia y pasó su juventud despilfarrándola en bares y tugurios. “ He dejado ternuras en todas las casas de lenocinio”, contó. Le gustaban los deportes, oponer la claridad de lo físico a la inquietud de la inteligencia y a la vaguedad del sentimiento. No lo hizo mal. Fue campeón argentino de box (peso liviano) en 1920. Pero las tentaciones nocturnas conspiraron contra su futuro deportivo. Quiso dar un vuelco a su vida, viviendo en la montaña, estuvo un año en plena cordillera. “Allí me encariñé con las cumbres y con el tango que un amigo llevó encerrado en una valijita de mano”, explicaba.

Con sus pocos ahorros viajó a Europa. “En París frecuenté un poco el hambre y el amor”, recordó. A su regreso se entregó a su obsesión: bucear en el alma de Buenos Aires, en el hombre concreto, que él situó en Corrientes y Esmeralda, pero que también hallaría en cualquier café. Así nació su primer gran libro, El hombre que está solo y espera, que le permitiría ganar el Premio Municipal de Literatura. La escritura no era nueva para él, había creado su primera comedia a los 16 años.

Siempre lo rondaron las inquietudes políticas. “En la época de la guerra contribuí a formar el grupo comunista Insurrexit. Esos dogmas dejaron de desvelarme, pero la práctica del comunismo dejó en mí una huella tan honda, que mi espíritu parece un par de brazos fraternales”, decía. El sueño de una patria que rompiera sus cadenas lo llevó a fundar FORJA junto a Arturo Jauretche y Homero Manzi, entre otros. Su tema principal de estudio fueron los ferrocarriles y el papel que le hicieron cumplir los británicos. Decía: “Los rieles ferroviarios son una inmensa tela de araña metálica donde está aprisionada la República”. Acompañó el nacimiento del peronismo, aunque nunca buscó cargos ni protagonismo.

“Mi querido amigo”

El 31 de diciembre de 1957, Juan Domingo Perón le escribió desde Caracas, llamándolo “mi querido amigo” en una carta en la que pondera la labor de Scalabrini. “La heroica conducta de lucha antiimperialista observada por usted durante toda su vida”, decía. Así encomiaba su prédica anticolonialista: “Durante muchos años, lo recuerdo bien, se encontró casi solo en el combate. La conspiración del silencio, cuando no la persecución abierta, era problema permanente que le enfrentó con la miseria, sobrellevada dignamente, mientras quebraba las energías de numerosas inteligencias argentinas”. El general lanzaba un elogio tras otro al escritor: “A Usted le cabe el honor del precursor, el formador de una promoción que alimentó a la revolución nacional”. Con el optimismo de ver un cambio en marcha, la carta concluía: “Hoy, mi amigo, comprobamos con alegría que su popularidad es inmensa, porque su lenguaje y conceptos están en el pueblo y usted puede dialogar cómodamente con él. Su actitud ha sido invariable en muchos años, pero ¡qué hermoso es sentirse interpretado! Está lejos el tiempo aquél en que clamaba, prácticamente en el desierto, ante la incomprensión de la masa y la indiferencia oligárquica. En un lapso maravillosamente corto se ha operado el cambio politizador y usted ya podrá continuar ininterrumpidamente ese diálogo, porque los Pueblos nunca abandonan a sus verdaderos amigos”.

Defender a la patria

Scalabrini le contestó el 26 de febrero de 1958 llamándolo “mi general y amigo”, testimoniándole el agradecimiento por las palabras con las que lo había premiado en su carta. “Imposible me resulta describirle la hondura de mi emoción”, decía. Perón le había pedido a Scalabrini que se encargara de armar un frente de intelectuales capaces de defender a la patria, a lo cual Scalabrini contestó: “Su ofrecimiento es la mayor muestra de simpatía que he recibido en mi vida, pero temo que la tarea exceda de la órbita de mis aptitudes. He sido siempre un trabajador solitario y obstinado, y me parece un poco tarde para cambiar y reeducarme. Le ruego que reconsidere su pedido y lo adecúe a mis especiales cualidades y defectos. Tengo cierta agudeza para planificar los aspectos generales de los asuntos, para verlos, digamos, desde un punto de vista estratégico. Pero los detalles políticos se me escapan. Sería un buen oficial de estado mayor y un mal conductor de tropas en el terreno. ¿Para qué cambiar? Agradezco, asimismo, las transcripciones que Ud hace de mis trabajos en su último libro Los vendepatria. Ud me hace entrar en la historia a los empujones. ¡Tan Don Nadie que he querido ser siempre yo!”

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