Cultura

Mario Bunge, un científico que pasó de La Plata al reconocimiento mundial

Se formó como físico en nuestra ciudad, donde fue alumno de Ernesto Sábato. Fue distinguido con 21 doctorados honoris causa por algunas de las principales universidades del mundo.

Su nombre no es muy popular entre los psicoanalistas, los homeópatas, los fenomenólogos y los posmodernos, a quienes criticó duramente, pero sus más de 70 libros le valieron un indiscutible predicamento en el mundo de la filosofía y las ciencias. Ejerció la docencia en numerosas universidades del mundo: México, Estados Unidos, Alemania, Dinamarca, Suiza y Australia, entre otras.

Mario Bunge nació el día de la primavera de 1919. Consagró sus 100 años de vida a hacerse preguntas que lo llevaron a explorar los más variados territorios del conocimiento humano: filosofía, ontología, gnoseología, ética, lógica y matemática. Elaboró su propio estilo de pesquisas, con un método de investigación que se abre camino en la selva de los hechos. Su método de investigación está desarrollado en La ciencia, su método y su filosofía, un libro de 1960.

Sostenía que la seudociencia es más popular que la ciencia porque “la credulidad está más difundida que el espíritu crítico, el que no se adquiere recopilando y memorizando informaciones, sino repensando lo aprendido y sometiéndolo a prueba”. Consideraba necesario combatir el pensamiento mágico sometiéndolo a examen crítico “no solo para limpiar la cultura, sino también para impedir que los curanderos limpien nuestros bolsillos. Para criticarlas no basta mostrar que carecen de apoyo empírico, ya que, después de todo, se podría creer que tal respaldo llegará en algún momento”. Por ello asestó muchos golpes a la parapsicología en todas sus ramas –telepatía, clarividencia o telequinesis–. Bunge argumentaba que los parapsicólogos no buscan leyes ni explicaciones físicas de lo paranormal, y que están en contradicción con algunos de los principios básicos de la ciencia o con algunos de los principios filosóficos generales que subyacen en la investigación científica.

También tuvo encontronazos con el psicoanálisis, imputándole no utilizar la estrategia de indagación conocida como método científico. No cuidaba las maneras para denigrar las prácticas que no se ciñen a sus parámetros científicos. Decía del psicoanálisis: “No es un proyecto de investigación serio, sino una doctrina seudocientífica más. Los psicoanalistas no experimentan, hacen afirmaciones dogmáticas. Hay que hacer psiquiatría biológica y olvidarse de Freud, Jung, Charcot y todos esos charlatanes que fueron criminales, ignorantes y arrogantes”.

Sus ataques a diestra y siniestra 

Bunge arremetía contra todas las formas de medicina alternativa, por basarse en ideas anticientíficas. Refiriéndose a la acupuntura, señalaba: “Es inútil excepto como placebo analgésico”; de la medicina hinduista, que, a pesar de algunos procedimientos quirúrgicos atendibles, carecía de asepsia; y a la farmacopea ayurvédica la calificaba de “masivamente fantasiosa”. En cuanto a la homeopatía, sostenía que descansa sobre la idea de su fundador de que lo espiritual es superior a lo material, de que la eficacia de un remedio es tanto mayor cuanta menos materia contenga: “Que este principio espiritualista carezca de fundamento biológico no preocupa a los homeópatas porque no buscan la verdad, sino el beneficio pecuniario”.

Hablaba con la seguridad de quien cree estar en posesión de la verdad. Lo que significa, previamente, aceptar que existe la verdad: “La verdad no es una construcción social como pretenden los posmodernos. Existe la verdad objetiva y sin ella no podríamos vivir ni una hora. Pero la verdad no se alcanza de inmediato, sino con la experiencia y haciendo investigación. La totalidad de los posmodernistas niegan la verdad. Incluso dicen que hay que liberarse de la tiranía de la verdad; en otras palabras, hay que dar rienda suelta a la especulación, lo que, a mi modo de ver, es inmoral, es suicida y es dar un paso atrás. Son reaccionarios”.

El golpe de Estado de 1966 lo encarceló, cuando recobró la libertad se radicó en Montreal, Canadá, donde vivió hasta su muerte, el 24 de febrero de 2020.

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