cultura
Un escritor llamado John Lennon
El beatle tenía una vocación literaria que se manifestó no solo en numerosas letras de canciones, sino también en poemas y textos breves a los que ilustraba con dibujos.
El Premio Nobel de Literatura que se concedió a Bob Dylan en 2016 o el Premio Príncipe de Asturias que cinco años antes obtuvo Leonard Cohen, oficializó el status literario de las letras de canciones. En ese sentido, John Lennon era escritor. Pero esa condición la tuvo no solo por ser autor de más de un centenar de canciones, sino también, por libros como “Por su propio cuento” y “Un españolito en obras”, que fueron publicados en nuestro idioma en 2009.
En los poemas de John Lennon nacidos no para ser musicalizados, las palabras mezclan su sentido, aparecen seres extraños, y las fábulas infantiles se entrecruzan con discursos televisivos. Hay mucho humor corrosivo y paródico. El mismo humor que destilaba con los Beatles.
Tom Maschler –directivo de la editorial Jonathan Cape-, fue el responsable de reunir los textos sueltos de Lennon y organizarlos en libros : ““Empecé a frecuentar a John en su piso de Emperor’s Gate. No había escrito nada con intención de publicarlo sino que se había limitado a divertirse, llenando papeles en habitaciones de hotel. John era rápido, ocurrente y cáustico. Era de una agudeza y sensibilidad extremas: si todo marchaba bien, resultaba una delicia. En cambio, si no lo captabas, te hacía sentir peor. Yo lo encontraba fascinante.”
El primer libro de poemas de John Lennon fue titulado “In his Own Write”, con prólogo de Paul McCartney. En la edición argentina, el dibujo de tapa fue hecho por quien fuera director de la revista Humor, Andrés Cascioli. La búsqueda literaria de Lennon prefigura, de algún modo, lo que sería el pasaje de Los Beatles desde las canciones pegadizas que cantaban entre los aullidos de las fans, a la música elaborada y audaz que se inicia en 1965 con Rubber Soul.
El traductor de los libros de John Lennon, Andy Ehrenhaus, reconoció en el prólogo las dificultades de pasar al español una obra que no utiliza un inglés lineal, sino que deja seducir por impensadas posibilidades que abre ese idioma.
Uno de los cuentos lleva el título de “Quitanieves y unos cuantos enanos”, una historia datada tres siglos atrás, en un bosque. En un idioma que se astilla en neologismos, Lennon habla de ocho enanos que “trafalgaban en una miga de diamantes que era de una riqueza incompagoda”. Los cuentos no tienen tensión dramática, porque permanentemente se deslizan en juegos de palabras con efecto humorístico. Lo mismo ocurre en “Frank sin mosca”, un ciudadano responsable con esposa e hijo, que una mañana salta de la cama, se pesa en la balanza y descubre “errorizado” que había engordado “doce pulgadas más”. Se podría decir que son entretenimientos linguisticos sin mayores consecuencias, pero revelan una inquietud por desmarcarse de lo que sus seguidores esperan de él, para ser fiel a su voluntad de tomar riesgos como creador.
Las irrupciones literarias de Lennon con Los Beatles fueron muchas, dejando perlas como “La felicidad es un revólver caliente”, entre otras gemas grabadas en la segunda etapa de la existencia del cuarteto de Liverpool. Esa felicidad creadora que convirtió a John Lennon en un símbolo de Los Beatles, y que hizo decir a García Márquez: “Lennon nos dejó un mundo distinto poblado de imágenes hermosas. En Lucy in the Sky, una de sus canciones más bellas, queda un caballo de papel periódico con una corbata de espejos. En Eleanor Rigby —con un bajo obstinado de chelos barrocos— queda una muchacha desolada que recoge arroz en el atrio de una iglesia donde acaba de celebrarse una boda. “¿Dónde vienen los solitarios?”, se pregunta sin respuesta. Queda también el padre Mac Kensey escribiendo un sermón que nadie ha de oír, lavándose las manos sobre las tumbas y una muchacha que se quita el rostro antes de entrar en su casa y lo deja en un frasco junto a la puerta para ponérselo otra vez cuando vuelva a salir. Estas criaturas han hecho decir que John Lennon era un surrealista, es algo que se dice con demasiada felicidad de todo lo que parece raro, como suelen decirlo de Kafka quienes no lo han sabido leer. Para otros es el visionario de un mundo mejor. Alguien que nos hizo comprender que los viejos no somos los que tenemos muchos años sino los que no se subieron a tiempo en el tren de sus hijos”.
