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Ni los escándalos electorales, el destrato a los habitantes formoseños, la pobreza estructural, el clientelismo político ni los excesos en el cumplimiento de los deberes como funcionario público, mellan la imagen de un gobernador que hace 26 años no se mueve de su puesto.

Cuando Gildo Insfrán nació, allá por enero de 1951, el lugar que hoy comanda no tenía la designación de “provincia”; por aquel entonces Formosa era un Territorio Nacional. Cuatro años más tarde, el 15 de junio de 1955, sería elevada a esa categoría, aunque se demorarían dos años más en lograr tener una Constitución provincial y otro más para poseer un gobierno constitucional.

La provincia de Formosa, ubicada en el extremo noreste del país, tiene menos de dos tercios de la población del partido de La Plata. Es la octava menos poblada, la quinta menos extensa, aporta menos del 1% del PBI nacional y, sin la ayuda de la Casa Rosada, sería inviable.

Es por lejos una de las provincias que más dinero por coparticipación recibe en relación con la cantidad de población que tiene, por lo que es lógico pensar que es también uno de los lugares de la Argentina en los que el Gobierno nacional más plata invierte por habitante. Sin embargo, recorriéndola esto no queda plasmado, y mucho menos en los números fríos: con una cantidad de habitantes 34 veces menor que Buenos Aires (donde se encuentra la mayor cantidad de barrios de emergencia del país, destino al que llegaron muchos compatriotas que buscaban mejor ventura), tiene un índice de pobreza mayor que el de la provincia que concentra al 40% de la población argentina.

Con todas estas cifras y a sabiendas de que su gobernador ocupa el mismo lugar desde hace más de 25 años, no se entiende cómo, salvo en la capital provincial, el resto de su territorio parece detenido en el tiempo.

Estudios realizados por el Cippec (Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento) mostraban ya hace más de una década que “Formosa es la provincia con mayor dependencia del Estado Federal”, cuya falta de desarrollo “favorece la relación de dependencia de los gobiernos locales con el provincial”. El trabajo pone en escena la centralidad del clientelismo, que suele manifestarse en el intercambio de bienes por adhesión electoral y que viene de la mano del control social, que “se ejerce a través de un fuerte trabajo de seguimiento por parte de la Policía provincial, que toma medidas de disciplinamiento, ligadas principalmente a las cuestiones económicas”.

La falta de desarrollo es una constante en toda esta provincia y el clientelismo político es casi una religión, que hizo que Gildo Insfrán fuera reelecto en seis ocasiones consecutivas con una altísima adhesión de un pueblo al que no le brinda mucho, o casi nada.

Pero si bien esto debería hacer saltar las alarmas en el gobierno federal, ni la provincia ni su gobernante fueron alguna vez protagonistas de algún tipo de investigación. A pesar de los excesos que este veterinario comete en el ejercicio de su tarea como funcionario público, el Presidente de la Nación no ha escatimado elogios al indicar, a fines de mayo del año pasado, que era “uno de los mejores políticos y seres humanos”.

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Parece ser que de nada sirve que ante cada elección los canales de televisión muestren cómo se “arrean” personas como ovejas hasta los lugares de votación. Personas a las que se les secuestran los documentos, los cuales se les entregan justo antes de que vayan a sufragar. Pero lo cierto es que ellos no eligen en el cuarto oscuro a quién votar, porque ya ingresan al mismo llevando en sus bolsillos un sobre firmado con lista completa, para evitar cualquier contratiempo. En tanto, salen del mismo con un sobre vacío, repitiéndose el procedimiento para que quien lo siga en la fila vote de igual forma.

Tampoco parece importar cómo desdeñó a los habitantes formoseños ante la pandemia, ni cómo destrata a quienes quieren ingresar a la provincia para ver a sus seres queridos. Para llegar al límite de la provincia se debe poseer un PCR negativo, una vez adentro someterse a un nuevo hisopado y, si este da negativo, se habilita a quien quiera ingresar a hacer una cuarentena de 14 días en un hotel del que se saldrá con otro hisopado negativo.

Esta forma, que no resiste ninguna lógica, es la que según ellos les permite ser la provincia con menos contagios en nuestro país. No obstante, los números en Formosa son mágicos y las cifras siempre pueden (y deben) ser puestas en duda, aunque quien las dé a conocer sea “uno de los mejores políticos y seres humanos” (¡¿...?!) de nuestro país.

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