POR DANIEL "PROFE" CORDOBA

Gimnasia festejó pero sufrió con los chicos de Lanús, y para mí Estudiantes se quedó en City Bell

En el balance del fin de semana, lo importante fue la recuperación deportiva del Lobo, al que igualmente vi con temor a ganarle por más goles al Granate, que jugó varios minutos con uno menos.

Por Daniel “Profe” Córdoba

Diez fechas ya han pasado de este nuevo campeonato de Primera división, en el que todos los equipos se enfrentan en una sola ronda como era antes, como los “aperturas” o “clausuras”, con la diferencia que ahora son 27 fechas.

Empezando por lo que ocurrió en la ciudad de La Plata, Gimnasia le ganó con lo justo a Lanús. Si bien lo importante es que volvió al triunfo, y con una serie de resultados se puso nuevamente a tiro de Atlético Tucumán (un puntero impensado cuando arrancó el torneo), la realidad es que le costó mucho. Es más, por momentos, creo que tuvo miedo de ganar por más goles.

Apenas con un penal de Alemán y aun jugando varios minutos con un jugador de más por la expulsión de Aude sobre el final del primer tiempo, el Lobo sintió la presión, las corridas y la verticalidad de los juveniles del equipo Granate. Institución a la que me tocó estar vinculado durante mucho tiempo en la década de 1990, y por la cual conservo el mejor de los recuerdos.

Lejos de suponer que el protagonismo sería total por parte del conjunto de Néstor Gorosito, el equipo se resignó a jugar de contragolpe porque los 10 jóvenes jugadores de Lanús hicieron que el partido se torne de esa forma. Así y todo, el Lobo erró mucho en la definición y volvió a sentir la ausencia letal en la definición que tenía el lesionado Cristian Tarragona. Soldano le mete voluntad, pero no es lo mismo. Y Eric Ramírez es pura potencia y sacrificio, pero a veces se apura cuando tiene que definir con frialdad.

Gimnasia nunca se alejó del sistema táctico 4-4-2 y se aferró a la mínima diferencia para abrazarse al triunfo. Lanús jugó con un 4-3-3 hasta que terminó el primer tiempo y tuvo que barajar y dar de nuevo para afrontar la parte final con un jugador menos.

En el balance final se vio que los chicos de Lanús pusieron en aprietos a un Gimnasia que no es el mismo que jugó en las primeras fechas, y que a pesar de jugar bien durante el primer tiempo en el Monumental contra River, la realidad es que deberá mejorar mucho para mantenerse ahí arriba en la tabla.

Estudiantes, en cambio, demostró una vez más que tiene la mente en la Copa Libertadores y nada más. Apenas le había podido ganar la semana pasada al humilde Barracas Central, que casi por un capricho del destino (o vaya a saber uno de quien…) está jugando en Primera división.

El domingo me dio la sensación de que Estudiantes no estaba en la Bombonera, que se había quedado en City Bell. O al menos que la mente de algunos jugadores no estaba en el partido que se estaba jugando ahí.

A veces observo que algunos jugadores de Estudiantes, cuando juegan en 1 y 57, se comportan como fieras. Ahora, cuando les toca salir de ahí, no aparece el León que se ve en Uno, ahí a metros de donde está la entrada del viejo Zoológico.

A Estudiantes lo pasó por arriba el conflictivo Boca de un Negro Ibarra que cayó a ese banco de suplentes por el desorden deportivo que tiene la institución más ganadora a nivel internacional del fútbol argentino. Me gustaría saber qué está pensando Carlos Bianchi de todo esto que le están haciendo al club que él hizo grande como entrenador a finales de 1990 o los primeros años del nuevo milenio.

Este Lollo, que no se formó en las divisiones inferiores del Pincha y es evidente que no tiene asimilados los conceptos de la pelota parada y todo lo que significa la mística en este club, rechazó con un cabezazo al medio del área después de un córner y las ironías del destino le dieron un escarmiento a Estudiantes y a su técnico, porque fue el propio Marcos Rojo el que agarró la pelota, definió y encima lo gritó.

Ya había pasado algo parecido con el Argentinos Juniors de Gabriel Milito, que con un jugador menos le empató el partido y lo terminó eliminando por penales de la Copa pasada por no marcar bien en los córners, justo en el arco del viejo y querido Industrial.

Encima después, en un momento del partido, paró línea de cinco defensores. Hay cosas que son muy fáciles de explicar, pero que resultarían también muy hirientes y hasta posiblemente irrespetuosas.

A Varela lo dejaron muy libre y el resultado quedó a la vista. Ahora hay una revancha el domingo, pero el principal (y creo que último objetivo para el cuerpo técnico) es pasar la llave con Paranaense en la Copa. Justo en agosto, el último mes completo del invierno. Al Pincha de Zielinski no le queda otra más que pasar el invierno…

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