entrevista

Laura Oliva: “Para mí, para vos es una obra de actores”

Multifacética, brilla en la calle Corrientes con un rol que le permite desplegar su ductilidad, carisma y talento.

Para mí, para vos, es uno de los grandes éxitos del teatro porteño. En ella Laura Oliva encarna a un personaje clave en el relato de la vuelta al pueblo de una prestigiosa actriz ­(Soledad Villamil) y la explosión que significa el regreso para todos. Dirigida por el también actor ­Héctor Díaz, Oliva contó detalles de su personaje.

—Con Héctor hicieron de matrimonio en Laponia y ahora siguen acá en otros roles…

—Bueno, en el matrimonio Mónica era un poco más dominante sobre Germán y ahora el director se venga, en ese sentido, dominando a la actriz porque todo vuelve en esta vida y yo de ciclismo. Así que la vida le ha dado la oportunidad ahora de castigarme como Mónica lo hacía con él. Y en un momento el matrimonio y el director actriz, digamos, fueron, porque ahora bajó Laponia, en un momento fueron realmente paralelos. En la misma tarde.

—Contame un poco del personaje y esto de terminar algo y empezar enseguida de nuevo...

—A mí hacía rato que no me pasaba, no es que uno no lo haya hecho en algún momento, pero hacía rato que no me pasaba. Es intenso, hay algo también que siempre la gente pregunta, y sobre todo también cuando hay épocas en el teatro, sobre todo en el teatro alternativo, que no se hace de miércoles a domingo, sino quizá una vez por semana, en donde uno a veces se le junta y hace tres obras al mismo tiempo en la misma semana, y la pregunta siempre es ¿y cómo lo hacen? Y con esto de Laponia y Para mí, para vos, también me preguntan: “¿Y cómo hacer para salir de uno? Pareciera tener la capacidad de estar en...”. Bueno, hay algo del entrenamiento del actor del aquí y ahora, tan mentado y tan ­difícil, y creo que eso se nos traslada un poco a la vida, y es como que cada momento es cada momento. Para esta obra ensayábamos de dos a seis de la tarde y después hacíamos Laponia, a las ocho, o sea dos horas después. Hay algo de estar donde tenemos que estar, y eso creo que lo facilita.

Con respecto a mi personaje Sonia, Sonia es la hermana de este trío, la hermana adoptiva, pero que es simplemente anecdótico, que vive con Vania, son todos nombres chejovianos, en una casa en Villa Elisa, porque esto está totalmente trasladado a lo contemporáneo, y tienen una dinámica entre ellos dos, muy simbiótica, muy... rozando lo enfermizo, se quedaron a cuidar de sus padres. Y la tercera hermana, que se fue a triunfar, a vivir un poco, yo lo pongo en términos así como la que se fue a vivir, “la que se fue a vivir” vuelve, y empieza a suceder esto de hasta qué punto vivir es tan bueno, hasta qué punto no vivir es tan bueno. Digo esto porque pareciera que los hermanos que se quedaron no vivieron, y que lo que la pasó bomba es la que se fue, y eso se empieza a mezclar y se empieza a poner en tela de juicio.

Una de las cosas, ahora me doy cuenta, que me atrajo mucho de la obra, es que es una obra de actores, hay obras que vos las ves y decís: “Bueno, el conflicto es tan potente que Laponia era un poco así”, si bien después nosotros, creo, le sumamos, y sobre todo por el grupo que se armó, Laponia era un poco indestructible. Nosotros hemos te­nido funciones con poca gente, y sin embargo a los cinco minutos la obra iba, y en un momento iba, iba, iba, y era imparable. En este caso también es indestructible, pero desde otro lugar, y hay algo que se completa con nuestra capacidad de crear estos monstruitos que no están tan creados, no están tan terminados, le falta un golpecito de horno a todos, y en ese sentido también la mirada del director, yo lo vislumbré a Héctor durante los ensayos de Laponia, que se le salía un poco el director, y que siempre decía algo y siempre aportaba algo. Y ahí vi algo que... Y después, bueno, esta oportunidad que ya estábamos en Mar del Plata, ya habíamos hecho todo El Picadero, estábamos por la mitad de la temporada de Mar del Plata, y ahí había algo que estaba bueno de seguir juntos.

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