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Aspectos desconocidos de Hugo del Carril

Fue uno de los mayores cantores y directores de cine argentinos. Por encargo del propio Perón, grabó la primera versión de La marcha.

Durante un tiempo, vivió en una casa con terreno amplio en la que tenía una gran variedad de perros, aves diversas, zorrinos y hasta un puma. Pero, cuando nació su hija, tuvo que desprenderse de los animales porque se mudó al centro de Buenos Aires, en un departamento en el que semanalmente se reunía con algunos de sus mejores amigos: Mariano Mores, Raúl Matera y Luis Mentasti. Pocas cosas le gustaba más que compartir anécdotas al compás de una botella de vino compartido.

Tenía muchas anécdotas para compartir quien, a los 25 años, pudo juntar dos de sus pasiones, la música y el cine, para interpretar el tango Tiempos viejos, en la película Los muchachos de antes no usaban gomina. En 1945 –año crucial en la historia del peronismo–, actuó junto a Libertad Lamarque y Eva Duarte –quien apenas unos meses después sería una de las hacedoras del 17 de octubre– en La cabalgata del circo, película que precedería el éxito arrollador que Hugo del Carril alcanzó en México y que lo retuvo durante cinco años en ese país. Entre el estreno de la película y el viaje, grabó esa pieza en la que su voz sería secundada por multitudes a través de los años y a lo largo y ancho del país: La marcha peronista. Fue el propio Juan Domingo Perón quien le pidió que pusiera la voz para identificar musicalmente a su movimiento. Hugo del Carril recordaba que aquel 17 de octubre fue a la Plaza de Mayo en compañía de uno de los hombres de los que más aprendió en la vida: Enrique Santos Discépolo.

Había nacido con el nombre de Piero Hugo Bruno Fontana el 2 de diciembre de 1912. A los veinte años debutó como locutor con el seudónimo de Pierrot. Tenía una gran voz para la radio, pero su pasión por el canto lo empujaba a los escenarios. El mismo año en que debutó en la radiofonía cantó tangos en público por primera vez, acompañado por un conjunto de guitarras. Para cantar estrenó otro seudónimo: Hugo del Carril.

A partir de la película La vida de Carlos de Gardel, en la que Hugo del Carril hizo el papel principal, ue considerado el sucesor de Gardel. Él no lo creía: “Nunca creí ser el sucesor de Gardel. Creo haber sido de los pocos en haber entendido, a su muerte, que se estaba frente a un fenómeno irrepetible de popularidad. En 1935 yo sabía ya que yo no era, en lo fundamental, un cantor de tangos. Dos años después, cuando debuté en cine, con Florencio Parravicini, me encontré frente a frente con mi verdadera vocación”.

Tanto en el canto como en el cine llegó al tope de la popularidad. En 1952 rodó la que sería su película más famosa, Las aguas bajan turbias, basada en El río oscuro, novela de Alfredo Varela que reflejaba el trato despiadado recibido por los trabajadores de los yerbatales –los mensúes– en el nordeste de nuestro país. Lo paradojal es que esta película, filmada por un director peronista, fue la adaptación del libro de un escritor comunista que estuvo preso en los años del peronismo, y que desde la cárcel colaboró con el guión de la película. Tres años después perdió todos sus ahorros con La Quintrala, una película sobre una aristócrata y terrateniente chilena de la época colonial, famosa por su gran belleza y su no menos gran crueldad para con sus sirvientes. La película fue un fracaso de público y de crítica. Coincide con la caída del peronismo y el inicio de su persecución política.

Ser la voz de la marcha peronista no era gratis. Lo encarcelaron durante un tiempo. Cuando fue liberado, el panorama seguía siendo desolador: sin trabajo, en la ruina, y divorciado –quien era su mujer, Ana María Lynch, se terminó casando con un productor cinematográfico norteamericano–. Tuvo que empezar otra vez desde abajo: radio, después teatro y, finalmente, regreso al cine. En 1957 filmó Una cita con la vida. Regresó a su vocación verdadera manteniendo en alto una consigna que acuñó: “Hacer de lo popular algo digno y de lo argentino algo universal”. Alguna vez le preguntaron ¿qué espera que la gente diga de usted cuando muera?. Hugo del Carril contestó: “Que era un tipo honesto, que no se entregó nunca”. Acertó. Es así como se lo recuerda.

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