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Bárbara Mujica, el recuerdo de una actriz inolvidable

Fue una actriz que brilló en el cine, el teatro y la televisión. Su rostro, de una belleza inusual, es uno de los símbolos de una época de arrojo y creatividad.

Tuvo una infancia solitaria, sin amigos, entre personas mayores, música clásica y libros. Pasaba el día haciendo preguntas a su madre, la actriz Alba Mujica, quien se había formado en nuestra ciudad y protagonizado películas célebres como Un guapo del 900 y Para vestir santos. Su madre fue la única amiga que Bárbara Mujica tuvo en su infancia. Tenía dos meses cuando sus padres se divorciaron. Sintió que sin padre era distinta a las demás chicas, le faltaba algo que las otras tenían, lo cual le producía una secreta envidia. Bárbara Mujica nació el 13 de marzo de 1944, a los 14 años, Leopoldo Torres Ríos —padre de Leopoldo Torre Nilsson— la convocó para hacer dos películas Edad difícil y Demasiado jóvenes —que obtuvo el mayor galardón del Festival de Cine de San Sebastián—. Los triunfos se fueron eslabonando y esta adolescente prodigio fue profundizando su formación actoral hasta ser considerada, junto a Graciela Borges, una de las grandes actrices del nuevo cine nacional.

Cuando comenzó a hacer cine dejó la escuela secundaria, sintió que ya no podía integrarse a ese mundo, aceptar la disciplina, estudiar materias que no le interesaban. Tenía mal carácter y padecía de cierta omnipotencia. Adoraba el baile clásico, se inscribió en el curso preparatorio del Teatro Colón, pero las clases empezaban muy temprano y le costaba madrugar porque se acostaba muy tarde por los ensayos, por lo que poco a poco fue perdiendo el entusiasmo.

Conoció a su primer marido, Oscar Rovito, cuando filmó su primera película. Hicieron juntos varias obras de teatro. Tuvieron un hijo, Gabriel —un actor que formó parte de La Banda de la Risa y actuó en la película Los chicos de la guerra—. Pero la relación se desmoronó rápido y a ella no le alcanzaban las manos para tapar los agujeros. En 1965 conoció a David Stivel —él la dirigió en una versión de Hamlet, en la que ella hizo de Ofelia y Alfredo Alcón, del protagonista principal—. Se casaron, el matrimonio duró once años. David era catorce años mayor. Ella ya llevaba quince años de profesión, pero al conocer a David Stivel sintió que tuvo una transformación. Sintió que artísticamente comenzó a adquirir una dimensión distinta, ganando profundidad como actriz. Integró el llamado Clan Stivel, junto a Emilio Alfaro, Norma Aleandro, Marilina Ross, Juan Carlos Gené, Carlos Carella y Federico Luppi. Con ellos hizo el mítico ciclo televisivo Cosa Juzgada. Habían encontrado una forma de trabajo donde podían hacer lo que querían y del modo que más les gustaba. David Stivel tenía un gran talento para dirigir, para pedir de un actor las cosas que hacían falta para determinado papel, para explicar cómo imaginaba al personaje, la manera de interactuar con los compañeros, haciéndoles sentir que cada actor era un individuo dentro de un organismo. Eran como una comunidad. Pasaban casi todo el día juntos. Además de televisión el Clan Stivel se proyectó hacia el cine. Durante la filmación de Los herederos —una película cuyo guión estuvo a cargo de Norma Aleandro y David Stivel, que narra las situaciones dramáticas suscitadas en un grupo humano reunido para cobrar una herencia, película que llegó a competir por el Oso de Oro en el Festival de Berlín—, se fueron a vivir todo juntos a una quinta. Estaban diez o doce horas filmando y, cuando terminaban, seguían estando juntos, conviviendo. Más que un trabajo, compartían un modo de vida. Un matrimonio de ocho personas.

Bárbara Mujica era una gran lectora. Sus autores favoritos eran latinoamericanos: Mario Benedetti, Vargas Llosa, García Márquez, Manuel Puig y David Viñas. Más de una vez se tentó con la idea de hacer un espectáculo en el que leyera fragmentos de esas obras que tanto amaba. No tuvo tiempo, murió a los 46 años dejando el recuerdo de una cara y una voz inolvidables, que la televisión popularizaría enormemente con su papel en el teleteatro El amor tiene cara de mujer, en Alta Comedia y en Historia de jóvenes y, muchos años después, en Atreverse, ciclo dirigido por Alejandro Doria.

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