cultura

Del dolor a la denuncia

Augusto Conte Mac Donell fue una de las grandes promesas políticas en los años de la recuperación democrática, tronchada por un final trágico.

Tras haber salido de escena por la situación límite a la que lo empujó la desaparición de su hijo mayor, en 1976, Augusto Conte Mac Donell sacó fuerzas de donde pudo y empeñó su voluntad y su vida en la lucha por los derechos humanos y contra la represión. Abogado y político enrolado en la Democracia Cristiana fue vicepresidente del CELS (Centro de Estudios Legales y Sociales), desde donde desarrolló un minucioso trabajo por el esclarecimiento de los desaparecidos y denunciado a viva voz las ilegalidades de la dictadura.

Siendo muy joven fue uno de los que, el 9 de julio de 1954, fundaron el “Partido Demócrata Cristino” en la casa del doctor Juan Treharne Lewis. En cuanto a su participación en EL CELS, el propio Conte detallaba que tuvo dos áreas centrales: el trabajo jurídico y el trabajo de documentación orientado a elaborar y explicar cómo había sido la política represiva del país. Pretendió ser una entidad de punta, tomar los casos principales y exhibirlos ante la opinión pública, procurando los resultados que, -en la medida en que los jueces condicionados por la época-, pudieran obtenerse. Y, al mismo tiempo, el organismo produjo los primeros documentos que se hicieron en el país, intentando una elaboración de lo que fue la política represiva en su concepción y su ejecución. En ese marco, Conte lideró a un grupo de personas comprometidas, sin vacilaciones, que muchas veces empujó pese a los temores: “Merced a ello creo que hemos hecho un aporte significativo. Por otra parte, el CELS ha tratado de ser un factore de coordinación dentro del movimiento de derechos humanos”.

En ese sentido, Augusto Conte aseguraba que la independencia de la Justicia debía ser una conquista y no un dogma. Bajo un gobierno autoritario, ciertamente no había nada que se pareciera a la independencia de la justicia en aquellos temas que eran clave. Y en un gobierno futuro era algo que tenía que rescatarse: buscar una magistratura independiente, comprensiva de los intereses nacionales, que es su verdadera forma de ser independiente. “Son independientes los jueces – escribió Conte- cuando interpretan los valores que prevalecen en una comunidad, es el único modo de ganar independencia. Desgraciadamente nuestra Justicia, además de ser débil y cómplice en tantos aspectos, no tiene un sentido moderno, que es ser intérprete de los valores predominantes”.

El 5 de febrero de 1992, luego de dieciséis años de incansable lucha, y abrumado por las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, y los Indultos de Menem, Augusto Conte Mac Donell decidió partir en búsqueda de su hijo, allí desde donde ya no regresaría, y se quitó la vida. Su amigo, el historiador Osvaldo Bayer, relató en Página 12:“En este aniversario veintinueve [del golpe de Estado de 1976] voy a recordar a un buen amigo. Se llamó Augusto Conte. En Alemania nos encontramos en un congreso de derechos humanos. Y una noche me dijo que la única forma de superar esa tragedia era la muerte.(...) Me miró con enorme tristeza, y agregó: ‘Mi error fue tan grande que el único futuro mío es ir en búsqueda de mi hijo, allí desde donde no se regresa’. No hubo forma de disuadirlo. Poco después, él mismo buscó su muerte. No encontró otro remedio para ‘pagar mi culpa’ como él definía su error.

Noticias Relacionadas