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El hombre que se adelantó a internet

Paul Otlet fue un belga que se propuso dar respuesta a todas las preguntas humanas, es considerado el fundador de la ciencia de la documentación.

Uno de los herederos espirituales de los ptolemaicos alejandrinos fue el extraordinario Paul Otlet, nacido en Bruselas el 23 de agosto de 1868 en el seno de una familia de economistas y planificadores urbanos que llevaban adelante un negocio relacionado a la venta de tranvías. De niño, Otlet exhibió un notable interés en ordenar objetos: juguetes, libros, animales domésticos. Su juego favorito, en el que su hermano participaba, era la contabilidad: enumeraba débitos y créditos en pulcras columnas y llenaba calendarios y catálogos. También le fascinaba dibujar parcelas para las plantas del huerto y construir filas de corrales para los animales. Cuando se hizo adulto, se propuso almacenar todas las ideas y conocimientos producidos por la humanidad de modo que pudieran consultarse fácilmente desde cualquier parte del mundo.

Según su biógrafo, W. Boyd Rayward, contemplaba en la ley el reflejo real de la sociedad y eso, junto con las expectativas familiares, influyó en la decisión de estudiar para abogado, una profesión que detestó desde el principio. La filosofía, las ciencias eran mucho más interesantes para él. No obstante, cuando su familia vivió un tiempo en una isla mediterránea cerca de la costa francesa, Otlet comenzó a coleccionar objetos que encontraba —conchas, minerales, fósiles, monedas— con los que construyó su propio gabinete de curiosidades. A los quince años, fundó con varios compañeros de la escuela una “sociedad privada de coleccionistas” y dirigió una revista para los miembros que llevaba el solemne nombre de Le Science. Por esa época, descubrió en la biblioteca de su padre la enciclopedia Larousse, “un libro —según declaró más tarde— que lo explicaba todo y daba todas las respuestas”.

De todas maneras, para la ambición de aquel joven, los numerosos tomos de Larousse tenían un alcance demasiado modesto, lo que lo llevó a iniciar un proyecto que vería luz varias décadas después: la preparación de una enciclopedia universal que incluiría no solo las respuestas y las explicaciones, sino la totalidad de las preguntas humanas. En 1892, Otlet conoció a Henri Lafontaine, quien en 1913 recibiría el Premio Nobel por sus esfuerzos a favor de un movimiento pacifista mundial. Ambos se volverían inseparables y recorrerían juntos bibliotecas y archivos para compilar una inmensa colección de fuentes bibliográficas en todos los campos del conocimiento.

Inspirados por el sistema decimal de clasificación bibliográfica, inventado en 1876 por el estadounidense Melvin Dewey, Otlet y Lafontaine decidieron utilizarlo en una escala mundial y le escribieron a Dewey para solicitarle autorización. El resultado final fue la creación de la Office International de Bibliographie en 1895, cuya sede era Bruselas, pero que tenía corresponsales en diferentes países. En sus primeros años de existencia, un ejército de jóvenes empleados revisó catálogos de bibliotecas y archivos y transcribió los datos a fichas de 7,5 por 12,5 centímetros a un ritmo aproximado de dos mil por día. En 1912, el número de la Office International de Bibliographie llegó a más de diez millones, sin contar unos cien mil documentos iconográficos entre los que se incluían, además de imágenes fotográficas, transparencias, fotogramas y rollos de películas. Su capacidad innovadora lo llevó a idear un tipo de ficha bibliográfica de 3 por 5 pulgadas, que es el que se ha adoptado mundialmente. Otlet estaba convencido de que el cine, junto con la televisión (que acababa de inventarse), era la forma en que la información se transmitiría en el futuro. Para impulsar esta idea, desarrolló una máquina revolucionaria —similar al microfilme— que copiaba libros fotográficamente y proyectaba las páginas en una pantalla. Llamó a su invento “libro proyectado” e imaginó la posibilidad de libros hablados, transmitidos a la distancia y de libros visibles en tres dimensiones, cincuenta años antes de la invención del holograma, que los ciudadanos podrían tener en sus hogares, tal como sucede con la conexión a internet de hoy.

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