Favaloro cierra dos de sus sanatorios

A raíz de la caída en las consultas frente al temor por el contagio del coronavirus, y por la crisis económica, la Fundación resolvió el cierre de las sedes de Recoleta y Pilar.

En el marco de la pandemia, la Fundación Favaloro anunció ayer que deberá cerrar dos de sus tres centros ambulatorios. Será debido a la crisis que golpea al sector.

Se trata del centro de prevención y atención ambulatoria Arenales, que fue inaugurado en 2017; y del centro de prevención y atención ambulatoria zona Norte, ubicado en Pilar, que abrió sus puertas en 2007.

Con el avance del coronavirus y la caída de la actividad sanitaria, la atención en los centros asistenciales de la Fundación descendió entre un 50 y 70 por ciento.

“La situación ya venía complicada por la inflación y la devaluación, y por la caída de los precios de las prácticas médicas. A esto se sumó el tema del Covid-19 que precipitó una crisis económica y financiera de todos los prestadores privados” explicó a
diario Hoy el director del Instituto de Cardiología y Cirugía Cardiovascular de la Fundación Favaloro Oscar Mendiz.

Frente a la renovación de los alquileres, al pago de impuestos y otros gastos, la administración resolvió cerrar las puertas del centro de Arenales, a fines de mayo. En tanto, el cierre del instituto de zona Norte se hará a fines de junio.

La Fundación Favaloro es una institución sin fines de lucro que depende exclusivamente de los ingresos de sus servicios. Aunque cuenta con los planes de asistencia del Gobierno, Mendiz aclaró que no son determinantes. “El costo de hacer funcionar una institución como esta es extremadamente elevado, y tener que reducirlo también es muy complicado. En un presupuesto de un centro de altísima complejidad son como unos 50 millones para un presupuesto de 400 millones mensuales” ejemplificó.

Según observan los especialistas, la crisis económica está acompañada de un peligroso fenómeno que co­menzó con la cuarentena. Por miedo a contagiarse de coronavirus, las personas dejaron de concurrir al médico y a las consultas programadas. Además, abandonaron tratamientos y hasta pospusieron operaciones.

“El miedo es el miedo y cuando uno insiste con que hay que quedarse encerrado el impacto es tan profundo que invade el temor. No obstante, es necesario usar el sentido común para decidir qué puede esperar y qué no. Ante la mínima indecisión, es preferible consultar. Son más los riesgos de quedarse con la duda que los de ir al hospital” recalcó el director.

Antes al confinamiento, el centro de Arenales, mensualmente, recibía 3.000 consultas y hacía 800 chequeos. En tanto, el de Pilar, atendía a 300 pacientes y ejecutaba 1.000 controles. “Con el aislamiento, estos números se redujeron a cero” precisó.

Sobre el futuro de los 50 empleados, Mendiz dijo que serán redistribuidos entre la sede de la avenida Belgrano y el centro que funciona sobre la calle Luis Sáenz Peña.

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Por último, y más allá de la incertidumbre, el representante de la prestigiosa entidad médica concluyó: “Siempre hemos pensado que la sustentabilidad de la Fundación Favaloro era agrandarse, no achicarse, ya que eso lleva a la muerte. Apostamos a crecer y lo seguiremos intentando”.

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