Dependencia emocional, violencia de género y femicidios sin fin: el análisis de un psiquiatra

El reconocido psiquiatra Enrique Stola dialogó con diario Hoy y analizó cómo actúa la dependencia emocional en una pareja. “La violencia de la mujer no tiene un aval social como sí la tiene la masculina”, afirmó el profesional.

Los femicidios y la violencia de género en Argentina se convirtieron en una fuerte pandemia que aumenta sus números día a día y, para analizar el lamentable fenómeno, diario Hoy entrevistó al psiquiatra Enrique Stola, quien comentó: “El proceso de dejar a la pareja es doloroso, cuesta tomar la decisión porque uno hizo esfuerzos.

Parecería que si hay violencia sería más fácil pero no es así; es mucho más difícil. Los hombres violentos son estafadores afectivos, lo que están buscando es una mujer a la cual someter
y que ella cumpla una función dentro de su psiquismo y dentro de su estructura social”.

El profesional, especializado en relaciones de pareja, relató que “en el comienzo, ese hombre va a ser lo mejor que le pudo haber pasado a ella al encontrarlo, pero cuando la mujer se implica afectivamente y él percibe que ya puede empezar a actuar y a ejercer fuertemente la dominación, lo hace. Entonces, la mujer
empieza a sentir que hay cosas que no cierran pero ya está en la trampa, y esa trampa implica mucha dependencia, no solo de la mujer hacia el hombre sino de él hacia ella también”.

Dependencia
“Para esa mujer es muy difícil salir, porque ella lo ama y tiene la esperanza de que su pareja cambie. Además, a ella la han socializado en todo un sistema de creencias en donde al hombre siempre hay que apoyarlo, entenderlo, perdonarlo y darle otra
oportunidad. Tiene que ver con cierta ideología del cristianismo que ha impregnado el cuerpo de las mujeres. Entonces, cuando ella quiere separarse tiene una sensación de angustia y de muerte que es tan fuerte que el pedido de perdón de él inmediatamente la
hace volver. Y así va a ocurrir muchas veces.

Es tal el desgaste que tiene la mujer que, aún sabiendo que corre el riesgo de que la mate, vuelve con él”, agregó el entrevistado.
En este marco de violencia “el femicidio viene cuando la mujer dice que se quiere separar, o cuando el tipo fantasea que su pareja quiere separarse por cierta lejanía afectiva de ella. En algunos casos, el hombre directamente se suicida por la dependencia que tiene, porque ella cumplía una función en su psiquismo. De alguna forma, ese objeto dominado le da sentido a su vida, pero al perderla también se queda sin su sentido de vida”, comentó.

Dos casos “No importa la cuestión física porque el hombre puede tener más fuerza, pero la mujer también puede ser muy dominante, agresiva y violenta. Pero hay una diferencia muy grande: las mujeres actúan así porque tienen problemas psicológicos marcados y no suele existir ese sentimiento de propiedad que sí tienen los varones, porque además la violencia de los hombres es socialmente sostenida y permitida. En cambio, las mujeres violentas son totalmente descalificadas, y cuando ella mata a un tipo se la trata de destruir”, diferenció Stola.

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En este marco, dio un ejemplo de un rol inverso: “Tuve el caso de un hombre al que le di las mismas instrucciones que a una mujer para que pudiera irse de su casa. Él no se podía separar, la mujer le pegaba y él vivía en pánico. El hombre era una persona con un nivel de instrucción universitario y con muchos recursos económicos. Volvió a la casa un domingo, porque sabía que ese día estaban los vecinos, y le dije Le manifestás a ella que vas a irte.

Ella va a cerrar la puerta con llave (cosa que ocurrió porque eran
escenas repetidas) y vos tenés que pedir auxilio a los gritos. Tu mujer va a decirte que te calles pero vos seguí gritando porque los vecinos van a responder porque es la voz de un varón pidiendo
auxilio. Si hubiera sido al revés no pasaba nada”. Y finalizó: “Esto fue hace ocho años, antes del Ni una menos, porque con las movilizaciones cambiaron un poco las reglas. Él gritó, los vecinos golpearon la puerta y entonces les dijo que por favor se queden ahí hasta que termine de juntar sus cosas y se vaya”.

Por último, comparó el caso con otro, donde la víctima era una mujer que “pedía a gritos que alguien la ayudara pero nadie respondió. Bajó de un tercer piso a un segundo chorreando sangre, golpeó puertas y nadie le abrió hasta que se desmayó. Recién ahí llamaron al 911”, cerró.

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