De Paul jugó el mejor partido de su vida, Martínez respondió en el momento justo y Di María enmudeció el Maracaná

En el encuentro más difícil de la Copa América, apareció el equipo con una sólida estructura que contuvo a Messi, quien estuvo muy marcado.

En el contexto de un partido cerrado y complicado, la Selección demostró que es un equipo armado. Mucho se lo había criticado a Scaloni (aun en la previa al partido final) por no incluir a Guido Rodríguez en lugar de Leandro Paredes. Y este último respondió en la cancha como un guerrero, marcando con fiereza y demostrando que no solo tiene buen pie, sino que también quita y hace jugar.

Lo mismo ocurrió con Rodrigo De Paul: intermitente contra Ecuador y Colombia, pero determinante para correr a Neymar, asistir a Di María y hacer un desgaste enorme contra Everton por el sector derecho del mediocampo.

El exjugador de Racing jugó uno de los mejores partidos de su vida y en él se apoyó el equipo cuando los brasileños concentraron las marcas en Messi y en Di María.

Lautaro Martínez no pateó al arco y estuvo lejos de su mejor nivel, incluso para acompañar con la presión en la salida de los brasileños.

A Messi lo llevaron a jugar lejos del arco, y el Fideo Di María sorprendió a todos ganando las espaldas de los defensores brasileños y definiendo de sombrerito en la jugada del gol.

Emiliano Martínez, que en el primer tiempo prácticamente no había tocado la pelota, respondió en el momento justo en la parte final, salvando al equipo de un remate de Richarlison y otro de Paquetá.

Romero, el joven caudillo de la final

Otro de los puntos más altos del equipo fue la actuación de Cristian Romero, todo un descubrimiento de Scaloni, quien pidió jugar la final después de haber estado casi toda la Copa recuperándose de una lesión.

Su inserción fue clave para anular los primeros minutos de Richarlison y Neymar, y en el desarrollo del partido demostró que no le pesó su inexperiencia, ya que ni siquiera acumula cinco partidos como titular en el equipo mayor.

Intachable actuación de Ostojich 

El árbitro uruguayo Esteban Ostojich cumplió a rajatabla el reglamento, no se dejó intimidar por la localía y las presiones políticas, y dirigió a rienda corta.

Amonestó en el momento justo (de forma tempranera no dudó en mostrar autoridad y marcarle la cancha a los jugadores brasileños), así como también fue muy severo con ambos técnicos que daban indicaciones con gestos desmedidos.

Anuló correctamente un gol a Richarlison y pudo haber interpretado que le cometieron penal a Messi en el segundo tiempo, pero no se complicó en los fallos divididos y el partido jamás se le fue de las manos.

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