Xuxa, esa rubia debilidad

El huracán brasileño, personificado en la animadora infantil, alcanzó también la categoría de fenómeno en la Argentina, tras su glorioso paso por el país. Las claves de su éxito.

Aquellos que tuvieron la suerte de viajar y vacacionar en Brasil du­rante los años 80 fueron los primeros en conocer un fenómeno que revolucionaría la industria del entretenimiento local. De esos viajes traían reunidos en cassettes, y más tarde en CD, canciones de una artista cuyo seudónimo, Xuxa, era difícil de pronunciar.

Som Livre era la discográfica encargada de difundir la música de un envío infantil que atravesó clases y usos sociales, posicionando a la conductora como una de las mujeres más poderosas de la región, hasta la actualidad. Una estrella que trascendió fronteras y que supo no solo trabajar en televisión, sino también en cine y teatro.

Un hit pegadizo llamado Ilarié hacía delirar a los argentinos, que cambiaron los clásicos bombones de chocolates por merchandising y discos de Xou da Xuxa, programa del canal de TV O Globo destinado para niños con la conducción de Maria da Graça Meneghel Flores, una de las modelos de Brasil que incursionaron en la conducción. Al comienzo, en la Rede Manchete, su proyecto se llamaba Clube da Criança, luego Turma da Xuxa, y consistía en presentar dibujos animados para luego incorporar canciones y asistentes llamadas “paquitas”.

El ciclo de TV alcanzaba niveles de rating impensados para un show infantil, ya que de 1986 a 1992 logró 23 puntos. Su llegada a la Argentina fue primero a través de presentaciones, para luego producir la versión mensual de El show de Xuxa, con un alcance panregional impensado. También impulsó otros similares como Nubeluz en Perú, e hizo que Flavia Palmiero debiera modernizar sus programas.

Una vez por mes, la rubia llegaba a la Argentina y en un operativo técnico impactante grababa los programas correspondientes. Fanáticos del país se desesperaban por participar y acercarse a la conductora.

Las canciones Luna de cristal, Dulce miel, Danzar de indio, Danza de Xuxa y Tindolele llegaron a las radios y a las hinchadas de fútbol. Asimismo, palabras como “bajitos”, o la “marquita”, el beso de despedida de la conductora, obtuvieron su uso cotidiano.

El amor universal del público

Xuxa fue un negocio sin precedentes e inesperado, auspiciado por empresas brasileñas, y de la mano de Víctor Tobi se instaló rápidamente en la televisión local, con una clásica estructura de canciones y juegos, en un imponente estudio que simulaba ser un parque. El arribo de la blonda al estudio desde una nave espacial potenciaba el misterio alrededor de su vida personal, poco y nada trascendía, excepto su pasado con Pelé, Ayrton Senna y Marcelo Tinelli.

Dueña de un imperio, fue a España, donde condujo Xuxa Park, y en Estados Unidos su paso fue más fugaz, pero también la ubicó en la agenda de los medios por su cercanía a John F.
Kennedy Jr.

Perdurar eternamente

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La polémica, la mayoría de las veces infundada y maliciosa, buscaba destronar como “reina de los bajitos” a la artista, que llenó dos veces el estadio de Vélez Sarsfield con shows en vivo, diciendo que sus canciones al revés invocaban al diablo, que estaba maldita y por eso hasta un estudio en Brasil se había prendido fuego durante una grabación.

Sin embargo, nada pudo contra Xuxa, pues siguió varios años con el programa, mudándose a El Trece y luego trasladándolo a Brasil, donde realizó adaptaciones del show. Además, es una instagramer de lujo e impulsó la carrera de sus “dobles”, como es el caso de la modelo holandesa Cecile Loreen.

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