Ciencia

ClearSpace-1 y la difícil misión de limpiar el espacio

El robot de la Agencia Espacial Europea será lanzado en 2025 con el fin de reducir las toneladas de basura que circulan alrededor de nuestro planeta y evitar contratiempos como el vivido tras la caída descontrolada del cohete chino.

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A principios de mayo, la caída descontrolada del cohete chino Long March 5B generó preocupación en las diferentes agencias espaciales del planeta, ya que hasta último momento no pudieron determinar el lugar preciso en el que aterrizaría el artefacto.

Finalmente, los restos del cohete cayeron en el mar Arábico, lejos de las poblaciones circundantes.

Más allá de este “final feliz”, el acontecimiento no solo obligó a poner el foco en la responsabilidad de los encargados de explorar el espacio, sino que además renovó las preocupaciones sobre los peligros de la basura que circula alrededor de nuestro planeta.

A partir de este suceso, la Agencia Espacial Europea (ESA, por sus siglas en inglés) anunció planes para lanzar una misión que permita eliminar estos desechos espaciales, que superan las 7.000 toneladas. Durante su primera tarea, prevista para el año 2025, el proyecto ClearSpace-1 planea capturar un adaptador que dejó el lanzador Vega, ocho años atrás. La pieza de basura espacial se encuentra a unos 800 kilómetros de la Tierra y pesa cerca de 100 kilogramos.

Para llevar adelante este trabajo, la ESA construirá, junto con la compañía suiza ClearSpace, un robot experimental de cuatro brazos. De acuerdo a lo informado por la agencia, el ClearSpace-1 arrastrará al lanzador hacia la atmósfera terrestre, donde ambas naves se quemarán. Si todo sale según lo planeado, la misión será la primera remoción de una pieza de escombros espaciales.

Para eliminar este objeto, la ESA desembolsará más de 100 millones de dólares; algo que parece insostenible en el tiempo, teniendo en cuenta que para 2100 se prevé que la basura espacial aumente 50 veces.

Por eso, desde la entidad del viejo continente se proponen desarrollar una tecnología láser superadora, que permita reemplazar los radares y telescopios que se utilizan hoy en día. A partir de este sistema, se podrían ver, controlar y hasta “empujar” los desechos. En este sentido, Holger Krag, responsable de la oficina de restos espaciales de la ESA, confesó que le “gustaría lanzar un sensor óptico, capaz de ver a distancias entre 100 y 200 kilómetros, lo que permitiría ver incluso, por primera vez, elementos de tamaño milimétrico”.

“Pero nuestros sueños van más allá”, agrega el especialista,“si la potencia se incrementa, eso también aumentará la presión de la luz sobre el objetivo, produciendo una fuerza capaz de moverlo levemente”.

El problema de estos proyectos es que requieren de la atmósfera para poder eliminar esa basura, ya que los objetos se descomponen de forma natural en la tropósfera y se queman en menos de diez años.

Por eso, es importante destacar el daño que ejerce el cambio climático sobre la capa de gas terrestre. Desde el año 2000, con el aumento en los niveles de dióxido de carbono, la densidad de la atmósfera a 402 kilómetros de altura se redujo en un 21%. Para 2100, si se duplican los niveles actuales de dióxido de carbono (como prevé el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático), esa cifra podría aumentar al 80%, limitando la capacidad de la atmósfera para destruir estos objetos que contaminan el espacio.

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