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Dora Barrancos, una invitación a pensar lo inédito

“Es una oportunidad histórica para mostrar con toda evidencia la tragedia de la desigualdad humana producida por las fórmulas del capitalismo duro”, dijo la socióloga asesora del Presidente.

Socióloga de la UBA, doctora en Historia por la Universidad de Campinas e integrante del equipo de asesores de Alberto Fernández, Dora Barrancos empezó a tomar contacto con movimientos sociales que defendían los derechos de las minorías cuando debió exiliarse a Brasil, y actualmente es una de las intelectuales más lúcidas de ­nuestro país. Entre sus últimos libros figuran Devenir feminista: una trayectoria político-intelectual (antología) y Los feminismos en América Latina. En diálogo con diario Hoy, analizó la situación de ­pospandemia que se avecina y las relaciones entre capitalismo y patriarcado.

—La Covid-19 puso en vilo nuestras vidas y nuestra astucia anticipatoria. Más allá de la preocupación por el incremento de casos, la vacuna ayuda a ver la luz al fondo del túnel.

—Antes de que hubiera pitonisas profesionales hubo funciones de adivina­ción, y seguramente no hay ninguna comunidad humana a la cual le hayan resultado extrañas este tipo de actividades. El futuro significa por definición incerteza, concierne a la épica política y hay algo de prospectiva que no se puede abandonar, una apuesta a desinstalar las adversidades del presente acompañándonos de un temperamento necesariamente optimista.

—¿El pesimismo político entraña una sensibilidad reaccionaria?

—No hay que abdicar de la convicción que suscitan acciones como desafiar y transformar, cuyo sentido último refiere al optimismo de la voluntad de cara al futuro.

—¿A qué se debe que las ideologías de derecha hayan permeado a tantas sociedades en el mundo?

—Tiene mucho que ver con la insolvencia –y la abdicación– de las políticas que solo en apariencia parecían progresistas y que terminaron siendo funcionales a las ­nuevas expresiones del mercado adversas a la intervención del Estado. La Covid-19 no puede dejar de pensarse en relación a las ­anomalías producidas en los ­ecosistemas, a las depredaciones medioambientales.

—No deja de llamar la atención que sean especialmente los liderazgos de derecha los que se hayan opuesto a tomar medidas oportunamente para paliar la peste, a sabiendas de lo que estaba ocurriendo en las cercanías.

—El obcecamiento negacionista de algunos políticos se nutre de la necesidad preeminente de no consentir en el estrépito de la economía, de no obstruir la mano invisible del mercado, porque hay algo que se pone dramáticamente en evidencia, y es el desvanecimiento, la inconsistencia y el estallido de la mercantilización, sobre todo de los bienes sanitarios.

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—¿Se puede decir que ya nada será como antes?

—Estamos frente a una situación inédita que puede significar una alteración de las reglas de la actual dominación mundial, que puede anular las fórmulas perversas de inequidad, extinguir la acumulación pornográfica que revela el ­planeta. De acuerdo a un reciente informe de una importante ONG internacional, que no se encuentra a la izquierda precisamente, el 1% de los ricos del mundo acumula el 82% de la riqueza. Desde la década de 1960 la situación ha empeorado en materia distributiva, menos ricos acumulan mucha más riqueza. Abracemos entonces los retos del futuro que está ­re­tornando.

—Suena desmesurado lo que dice Slavoj Zizek de que en poco tiempo estaremos pisando las cenizas del capitalismo.

—Tantas veces lo mataron y tantas resucitó... Pero muchas voces indican que la crisis será peor que la de 1929-1930 y necesariamente habrá transformaciones en el orden mundial. Es una oportunidad histórica para mostrar con toda evidencia la tragedia de la ­desigualdad humana producida por las fórmulas del capitalismo duro.

—Lo que puede unirse a su reclamo de siempre de extinción del patriarcado.

—Si hay alguna interrupción ­esperable de las configuraciones violentas de base de nuestras sociedades, debe centrarse, antes que en ninguna otra, en poner coto a la arcadia patriarcal. Están a la vista los estragos producidos por el dominio transhistórico masculino, la irracionalidad de las jerarquías de género, la perfidia de las ideaciones de exclusión, de discriminación. Repetiré que el sistema patriarcal es ínsitamente violento, y lo es desde su convalidación ­simbólica que pretende fundar en la naturaleza o en lo sobrenatural los designios funcionales binarios de la especie.

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