Ascacíbar, entre la frustración y la alarma física en un Boca sin respuestas

El mediocampista terminó con una contractura y refleja el difícil presente futbolístico de Boca.

Santiago Ascacíbar llegó a Boca como una inyección de carácter y energía para un mediocampo que pedía orden. Sin embargo, a pocas fechas de su desembarco, el Ruso todavía no logra encajar en un equipo que sigue sin identidad clara. Y para colmo, este domingo encendió una señal de alarma: terminó el partido ante Platense con una fuerte contractura en el posterior izquierdo.

El excapitán de Estudiantes había dejado buenas sensaciones en su debut ante Newell’s, pero su rendimiento fue en caída. Frente a Vélez ya se lo vio incómodo y contra Platense firmó su actuación más floja desde que viste la azul y oro. Desconectado del circuito de juego, lejos del área rival y obligado a correr detrás de la pelota, nunca pudo imponer su sello.

La lesión agravó el panorama. Tras la salida de Leandro Paredes por molestias en el tobillo, Ascacíbar empezó a hacer gestos evidentes de dolor. Faltaban apenas minutos y se quedó en cancha, pero prácticamente sin poder desplazarse con normalidad. Ahora el cuerpo médico deberá evaluar el grado de la contractura y su disponibilidad para lo que viene.

El problema excede lo individual. Boca sigue rotando nombres en el mediocampo —esta vez con Williams Alarcón— pero no encuentra funcionamiento. Ascacíbar, que en Estudiantes era el motor de un equipo trabajado, hoy aparece atrapado en un esquema que no lo potencia.

El Ruso no es un salvador solitario, pero sí un jugador que necesita estructura alrededor. Y en un Boca a la deriva futbolística, su empuje no alcanza. Entre la frustración deportiva y la preocupación física, su presente refleja el momento de un equipo que todavía busca rumbo.

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