entrevista exclusiva

“En mi carrera tuve varios clásicos pero el platense es único”

Goleador histórico y hombre del club, Ernesto Farías sabe mejor que nadie lo que representa un derbi en la ciudad. El exdelantero Pincharrata dialogó mano a mano con diario Hoy y palpitó la previa del duelo contra Gimnasia.

Si de clásicos se trata, Ernesto Farías es palabra autorizada. Derbis ganados, goles convertidos y numerosas historias que el Tecla recordó en una extensa charla con diario Hoy, en la previa de un nuevo enfrentamiento con el Lobo: “Jugar un clásico de esa magnitud es un privilegio por el significado que tiene, por la historia, los jugadores que lo han jugado también”, afirmó.

Desde su debut en 1998 hasta su venta en 2004, Farías vivió épocas felices en momentos que el club atravesaba situaciones futbolísticas adversas. Pero cada partido ante Gimnasia tenía un valor agregado para el hombre nacido en Trenque Lauquen: “Meter un gol o hacer las cosas bien y ganarlo es algo que te deja marcado porque pasan los años y la gente lo recuerda. Es el día de hoy que a uno se le pone la piel de gallina cuando lo veo por televisión”, dijo.

“El clásico platense tiene ese plus de que salís a la calle dos semanas antes y la gente empieza a pedirte que ganes, te desea suerte. Las cargadas con amigos en la antesala del partido y después de jugarlo también. Es algo muy local, a cada lugar que vayas te vas a encontrar con un hincha de Estudiantes y otro de Gimnasia”, explicó el Tecla.

Consultado sobre el enfrentamiento que más recuerda ante su eterno rival, Farías comentó: “El clásico que más tengo en mi mente es el que ganamos 2-1 en nuestra casa (Clausura 2001), con un gol de Galetti y otro mío. Pero sobre todo porque fue el último partido del querido Ruso Pratola. Por el contexto y por cómo se dio”.

Por último, el histórico goleador que pasó por grandes clubes del continente hizo un paralelismo entre los diferentes clásicos que disputó y el derbi platense: “Creo que todas las rivalidades se viven diferente. Gracias a Dios me tocó presenciar grandes clásicos como River-Boca, el de Avellaneda o incluso en Brasil y Europa. Pero el de acá se vive especial porque es la ciudad, el amigo y el comerciante. Ver al pibe del club, que hizo las inferiores y se identifica con la región, disputando su partido contra el rival de toda la vida. Es una ciudad que se paraliza para ese partido. Me parece que esa es la mayor diferencia con los cruces que te mencionaba anteriormente”.

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