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Zap, el reality show más multado de la TV nacional

Bajo la conducción de Marcelo Polino, el magazine tuvo un perfil desopilante y extremo que lanzó a la fama a muchas figuras mediáticas que hicieron historia.

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Corría el año 2002 cuando el por entonces movilero Marcelo Polino fue tentado para conducir un programa llamado Zap, en la primera tarde de la pantalla chica, cuyos contenidos circularían entre las andanzas de personajes mediáticos, la información de la farándula vernácula y otros escándalos que ocurrirían en el transcurso del show. De esta manera, se asistió al surgimiento de nuevas figuras y el fortalecimiento de otras. Entre ellas estuvieron: el empresario de la noche y galán eterno, Jacobo Winograd; la relacionista pública de marcas internacionales y actual representante de estrellas, Oriana Junco; la otrora novia de Guido Süller, la rubia Paulina Cuenca; y también estaban las apariciones esporádicas del majestuoso periodista de espectáculos Jorge Lafauci, o la tarotista y heredera de Marilyn Monroe y John Kennedy, la voluptuosa Leevon, que aún lucha por su reconocimiento filiatorio.

Todas las tardes, la cámara se encendía, Marcelo daba inicio al show y los invitados iniciaban sus peleas, las performances y las canciones, como las que interpretaba Larva, un sujeto mediático que le dedicó más de una prosa a Guido Süller.

En una entrevista televisiva realizada por Jay Mammon, Marcelo Polino fue indagado sobre este éxito notable en su profesión y reveló que el éxito ocurrió porque las personas que asistían eran los focos de atención y no los famosos. Sus palabras al respecto fueron: “La gente común empezaba a aparecer en la televisión a contar historias. En Zap había gente especial, fue un programa cortito, duró ocho meses”. Luego recordó el momento memorable donde fue una especie de juez de paz que unió a dos personas en un matrimonio especial: “Terminé casando a dos enanos en ese programa. Era muy gracioso todo, estaba lleno de multas por el ente regulador, Moria y yo fuimos los más multados del año”. Vale mencionar que, en aquel entonces, la TV aún se regía por viejas legislaciones que no incorporaban los avances de la sociedad; años después comenzó a gestarse una nueva normativa que logró incorporar nuevos parámetros, pero aún frenada por los intereses de unos pocos. Además la exacerbación al aire de estos seres humanos bautizados como “mediáticos” solo aumentaba el rating en la mal llamada “televisión basura”.

En este contexto, la fidelidad de los fanáticos del show fue tan inmediata, que la fórmula de Guido y su asistente personal, el Larva, cuyo nombre real era Pablo Turrión; parecía no dejar de funcionar. Es por ello que fueron invitados a menudo y se hicieron amigos por fuera del set. Entre peleas inventadas, risas, enamoramientos falsos y búsqueda de fama; Larva hizo una carrera notable y pudo darse el lujo de abandonar su trabajo formal como técnico.

El programa acompañaba a los espectadores en un momento histórico, político y económico complicado del país; y Zap era una opción para distender preocupaciones, sin aludir a lo que realmente acontecía fuera de la TV. Este momento sociopolítico estuvo marcado por la crisis, que se reprodujo también en la pantalla, con producciones de bajo costo, por no decir escaso.

Cabe recordar que el peso no valía nada, y las letras de cancelación de obligaciones provinciales, como los Patacones y los Lecops, se multiplicaban.

Tras el final del show, Guido continuó su vida como piloto de avión hasta su jubilación, tuvo otros proyectos como arquitecto, y eventualmente incursionó en la actuación, además de protagonizar peleas con Silvia en los programas del corazón. Sin embargo, Larva no tuvo la misma suerte, pues debió ganarse el alimento gracias a su labor como vendedor ambulante en las estaciones de trenes del Gran Buenos Aires. Además, su familia lo echó de su casa debido a la fuerte adicción que mantenía con la cocaína, que también lo dejó sin su trabajo formal en un call center. Es por esto que emprendió un tratamiento médico, pero terminó recayendo en la adicción nuevamente. En un momento decidió cambiar su identidad, eligió llamarse Mora y se abocó a vivir en la calle porque no tenía ningún acceso. En este contexto contrajo una enfermedad terminal cuyo tratamiento no cumplía, por lo que su mejoría nunca llegó, y finalmente murió. El día de su muerte, los fanáticos se despidieron de él, recordándolo con cariño.

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