cultura

De astrólogo a periodista combativo

James Neilson fue el director de uno de los pocos medios periodísticos que filtraba las noticias que la dictadura militar quería ocultar.

Muchas veces para analizar la vida de un periodista se remite a sus antecedentes. Pero el caso de James Neilson es excepcional: no reconoció otros antecedentes que el haber practicado la astrología en un diario persa; aunque tal vez esas prácticas le sirvieron para llegar a manejar con solvencia la compleja política nacional. A diferencia de lo que ocurría en casi todos los diarios locales, la nota editorial del “Buenos Aires Herald” (única sección traducida al castellano) fue la parte más leída y comentada, por su estilo directo y hasta mordaz.

Neilson, nacido en Inglaterra, llegado a Argentina en 1966, era lo que uno esperaría de cualquier periodista atípico e inclasificable. Quizás estas características se debiera a que sus ideas nunca fueron cómodas para las posturas políticas predominantes. A propósito de su experiencia como director del Herald, el propio Neilson detalló: “Simplemente defendemos la dignidad humana; creemos que todo tiene derecho a desarrollarse y desarrollar sus capacidades en un marco de libertad completa, que es compatible con una sociedad más o menos civilizada”.

El hecho de publicar el Herald en inglés los protegió de ser blancos de ataque por aquellos principios, porque la mayoría de las personas no sabían qué era lo que decían al estar en un idioma extranjero: “Es como si escribiesen cosas incendiaras en Londres, en castellano – explicaba Neilson-. Hay menos posibilidades de recibir un ataque si se escribiesen en inglés”. No obstante, históricamente, más de la mitad de sus lectores eran argentinos para quienes el inglés era el segundo idioma (además del cuerpo diplomático extranjero y la comunidad británica).

Neilson veía al Herald como un diario que prestaba atención al mundo exterior, pero que tenía su interés principal en Argentina. En ese sentido, cuando le consultaron por qué estaban tan interesados en la vida política de nuestro país, el ex director relató: “Tal vez porque yo, y mi antecesor Cox, entendemos que quien vive en una comunidad, tiene un deber con ella. Somos parte de ella, provenga uno de donde provenga. Y cuando notamos que se hacen ciertas cosas, que según nuestro enfoque son malas, como asesinar a la gente, torturar y cosas así, tenemos que protestar, porque ése es el deber de todo miembro de la comunidad, de todo ciudadano nacido aquí, extranjero que ha hecho su vida aquí”.

Fundado en 1876 - apenas dos hojitas con algunas noticias y avisos-, Buenos Aires Herald se convirtió en el más longevo diario escrito en inglés en la Argentina, hasta su cierre definitivo en 2017. En los primeros números fueron desplegándose la pleitesía a la corona británica, noticias policiales de Londres, interés por las finanzas, preocupación por la devaluación de la moneda local, artículos sobre un malón indio en el partido de 9 de Julio o sobre la captura del caudillo entrerriano López Jordán, tildados, los caudillos, más allá de “trazos románticos”, como “probados obstáculos principales del progreso y la genuina libertad”.

A propósito del periodismo nacional, Neilson llegó a decir que es “otra faceta de la gran tragedia argentina”. Reconocía que había periodistas talentosos, pero muchos de ellos se habían ido al exterior, a España, Venezuela, Estados Unidos, etc. Cuando el Herald se fundó, había ya en Buenos Aires otros periódicos ingleses (como The Standard) y proliferaban los diarios escritos en otros idiomas, ligados al variopinto abanico de comunidades inmigrantes.

Sebastían Lacunza, en su libro sobre el Buenos Aires Herald, “El testigo inglés”, consignó tres factores centrales que incidieron en la singular longevidad del BAH: “Por un lado está la particularidad de la inmigración británica, que fue relativamente numerosa y se insertó en nichos puntuales, como los ferrocarriles, los frigoríficos, la siderurgia y el agro, aunque menos en las industrias o entre los trabajadores –dice-. Luego, la participación de multinacionales en la década del ’60, que lo resignifican como diario de negocios de los ejecutivos. Y después, sin duda, lo que le dio una sobrevida extraordinaria fue el prestigio simbólico por su papel en la dictadura, la noción de que había denunciado el terrorismo de Estado dio la vuelta al mundo. Incluso cuando cerró esa memoria subsistía expandida por el mundo, era un valor simbólico aún en medio de un lectorado que se había reducido por variadas causas”.

Noticias Relacionadas