cultura
La científica asesinada y el criminal santificado
Hipatía fue una de las primeras matemáticas de la historia y una figura intelectual de primer orden de la Antigüedad, lo que le costó la vida.
Hipatía fue la última científica que trabajó en la Biblioteca de Alejandría: matemática, astrónoma, física y jefa de la escuela neoplatónica de filosofía. Reunía un extraordinario número de méritos para cualquier individuo de cualquier época. Una mujer que sobresalió en un período histórico en que la discriminación de género era extrema. Su extraordinaria aptitud para el pensamiento le permitió moverse con libertad en dominios que hasta entonces eran coto exclusivo de los hombres.
Su padre fue Teón de Alejandría, un célebre matemático y astrónomo que daba clases en la Biblioteca del Serapeo. Hipatía recibió de su padre la pasión por el conocimiento y la búsqueda de lo desconocido. Fiel a la consigna mens sana in corpore sano, Hipatía tomó clases de remo y de hípica, y tuvo un minucioso aprendizaje de lo que era considerada una gran virtud en esa época: la oratoria. A Teón se atribuye un juicio que tenía una carga explosiva que Hipatía haría detonar: “Todas las religiones dogmáticas son falaces y nunca deben ser aceptadas por sí mismas. Reserva tu derecho a pensar, porque incluso pensar equivocadamente es mejor que no pensar”.
Fue quien formó intelectualmente a grandes personalidades como Sinesio de Cirene –gran autoridad de ciencia aplicada y metafísica-, Hesiquio de Alejandría –autor del más célebre diccionario griego y gobernador de Libia- y Orestes –prefecto de Egipto-. Hipatía fue una experta en historias de religiones, pudiendo hablar de igual a igual con los popes de todas las creencias. Su enseñanza se centraba en Platón y Aristóteles. Sus alumnos provenían de distintas partes del Mediterráneo, y muchos de ellos alcanzaron puestos relevantes en el Imperio.
Sinesio de Cirene fue uno de sus alumnos más prominentes. Fue asesor del patriarca de Alejandría –Teófilo- y llegó a ser obispo de Ptolemaida. En esta última condición, se guarda su memoria por haber realizado la primera excomunión de la historia, siendo el excomulgado Andrónico, por ser un gobernante que abusó desembozadamente del ejercicio del poder. En una carta dirigida a Hipatía, la saludaba como “madre, hermana y profesora, además de benefactora y todo cuanto sea honrado tanto de nombre como de hecho”.
Gracias a Hipatía no sólo se avanzó en geometría, álgebra y astronomía, sino que perfeccionó los primitivos astrolabios, permitiendo una mayor precisión en la determinación de las posiciones de las estrellas. La Ilustración la consideró “una mártir de la ciencia”, víctima del fanatismo religioso y símbolo del progreso del conocimiento humano.
Ser mujer y genial en el siglo V no era gratis, generó mucha animadversión. Cirilo, el arzobispo de Alejandría, la despreciaba por haberse convertido en emblema de cultura y ciencia que la Iglesia identificaba con el paganismo. En el año 415, una turba fanática, instigada por Cirilo, la asaltó en un viaje, arrancándola de su carruaje, le desgarraron su vestido, la lapidaron y cuando ya estaba agonizando, con sus cuchillos, la desollaron, paseando los restos triunfalmente por la ciudad hasta llegar al Cinerao –el crematorio, donde la incineraron-. En la entrada referida a Hipatia en “Suda” - la monumental enciclopedia bizantina del siglo XI-, se atribuye la responsabilidad del crimen a la envidia de Cirilo por las grandes masas de seguidores que tenía la filósofa y al carácter intolerante de los alejandrinos, y compara el crimen de que fue víctima la filósofa a los asesinatos de dos obispos impuestos a los alejandrinos por la corte imperial de Constantinopla: Jorge de Capadocia –un cristiano del siglo IV-, atado a un camello, despedazado y cuyos restos fueron quemados, y el calcedonio Proterio, arrastrado por las calles y arrojado al fuego.
En el momento de ser asesinada, Hipatía tenía 45 años. Sus restos fueron quemados, sus obras destruidas, su nombre olvidado. Cirilo fue proclamado
