cultura
La vigencia de Mario Benedetti
Además de novelista, cuentista y poeta, era un pensador con un legado de ideas que nos ayuda a comprender estos tiempos.
Según Norberto Bobbio, un intelectual debe, en primer lugar, ser un intérprete auténtico y único de su tiempo, para cuya comprensión se utilizan sus obras. En segundo lugar, siempre es actual y cada generación lo relee dotando a su legado de una actualidad potente para comprender las diversas realidades nacionales, regionales y globales. Y en tercer lugar, construye teorías, modelos interpretativos o conceptos claves que se emplean en todo tiempo y espacio para comprender la realidad.
A comienzo de los 80, un intelectual comprometido, el poeta uruguayo Mario Benedetti, se atrevió a hablar de los intelectuales comprometidos, pero también de aquellos que no. Lo cierto es que su aporte trascendió su tiempo hasta naturalizarse como concepto hasta la actualidad. En ese sentido, sostenía el uruguayo que si periódicamente se efectuara una cotización pública del intelectual, tan minuciosa como la que realiza la bolsa de valores, probablemente se harían patentes los altibajos que escritores y artistas experimentan en la consideración ajena y en la propia. Después de todo, nadie agrede o maltrata o minimiza al intelectual con tanta acritud como el mismo intelectual.
A las etapas de compromiso suceden casi obligatoriamente las de desafiliación; al capítulo de los autosuficientes sigue el de los autoflagelados. Pero Benedetti siempre tuvo presente a un simpático veterano trabajador de Casa de las Américas (Cuba) que, cuando observaba que un compañero de labor no se comportaba bien, no vacilaba en decirle: “Tengo que hacerte una autocrítica”. Así es: contra toda razón y también contra toda gabela etimológica, la autocrítica, por lo general, se la hace al otro mucho más ágilmente que a nosotros mismos. Aplicando a la actualidad una expresión acuñada por el autor de La tregua, se puede decir que el morbo viene desangelado y contagioso. La cuaresma del compromiso, también llamada tiempo de abstinencia, tiene por lo general buena prensa.
Es válido para estos tiempos la descripción que Benedetti hacía de los suyos: “rinde mucho más ser neutral, porque el mito y el misterio son más seductores que la realidad monda y lironda”. Por eso, sostenía, el compromiso ha pasado a ser casi un motivo de escarnio, una señal de atraso: “Lo curioso es que, si bien para algunos el compromiso ha pasado de moda, en cambio siguen estando en boga los hechos que lo originan. La censura suele gozar de buena salud”. Por otra parte, los escritores y artistas secuestrados en América Latina se "obstinaban” en no comparecer, y si compareciesen – decía Benedetti- tendrían seguramente el estigma de no ser neutrales. En ese sentido, señalaba que, en el continente mestizo hubo, por lo menos, treinta poetas que murieron por razones políticas, y más de un neutral hubo de pensar que tal vez merecían ese destino, ya que fueron tan ingenuos como para tomar partido, no atreverse con el suntuoso mito y el candente misterio y sí en cambio con las consentidas dictaduras del mundo.
Mario Benedetti puso poesía a las convicciones políticas; poesía que sus detractores calificaron de cándida o cuasi escolar, pero que se convirtieron en la música de fondo de generaciones que hicieron suya la consigna de “tomar el cielo por asalto”. Esa música de fondo se hizo canción e imagen en la voz de Joan Manuel Serrat, en el emocionante trabajo discográfico” El sur también existe”, o en las musicalizaciones que hizo Alberto Favero para que cantara Nacha Guevara, y que confirman el potencial musical de la poesía de Benedetti. Algo que ya había insinuado su trabajo a fines de los años 70 con ese otro gran militante y cantor popular, Daniel Viglietti, con quien realizó “A dos voces”, un recital de poesía y música estrenado por primera vez en México en 1978, y luego en el Estadio de Obras Sanitarias de Buenos Aires (1984), para finalmente presentarse en el cine 18 de julio de Montevideo (1985).
