Entrevista Exclusiva

Paula Carruega: “Este personaje me hizo aprender muchísimo sobre la trata”

La talentosa intérprete, durante el año pasado y tras el shock inicial de parálisis total de la actividad, se dedicó a escribir y preparar diversos proyectos cinematográficos y televisivos para el futuro.

Con una extensa trayectoria en cine, teatro y televisión, y series web, Paula Carruega es la protagonista de la producción nacional Ojos de arena, de la realizadora Alejandra Marino.

Esta película iba a tener su estreno la semana pasada y, por las nuevas medidas de cuidado anunciadas por el Gobierno nacional, vio impedido su lanzamiento en pantallas de todo el país.

Diario Hoy dialogó con la actriz para conocer más sobre su vida en pandemia, la preparación de Carla, personaje que encarna en la película, y también sobre la justicia, un tema que dispara todas las acciones del filme.

Ojos de arena cuenta la historia de Carla, una psicóloga que participa en una causa judicial contra un acusado de trata. Apoyando a una de las víctimas, nada le haría suponer a esta mujer que su vida se convertiría en un calvario al de­sa­parecer su pequeño hijo.

La propuesta, con guion de Marino y Marcela Marcolini, narra el tránsito de una mujer que debe reencontrase con su pareja (Joaquín Ferrucci), lidiar con su madre enferma (Sandra Sandrini), acompañar a una mujer en su misma situación (Ana Celentano) y decidir que tal vez una “vidente” (Victoria Carreras) pueda ayudarla a dar con el paradero de su hijo.

Antes de encarnar a Carla, Carruega participó de otros proyectos como Los mentirosos, presentada en el festival de Cannes, en donde compartió elenco con Ezequiel Tronconi. Con él, además, en enero hizo El bosque que nos vio crecer, en el Museo Fernández Blanco, con fragmentos de obra que nunca estrenaron anteriormente, y que tal vez nunca lo harán. Junto a ellos estuvo también Laura Cymer, un trío potente que trabaja en conjunto hace más de 10 años.

—¿Cómo viviste el parate del año pasado? ¿Qué tan impactante es para un actor tener que dejar de hacer aquello que ama?

—Fue un año complicado para los actores y para la industria del cine, sobre todo. Estaba haciendo una obra en calle Corrientes, dirigida por Daniel Veronese, y se bajó y tenía algunos proyectos en cine que se postergaron. De un día para el otro me quedé sin trabajo. Así que me dediqué a escribir, estaba produciendo una película y una serie.

—Entonces fue aprovechar el tiempo para eso, para dedicarte a impulsar tus propios ­proyectos…

—Sí, pude capitalizarlo de una forma creativa, pero a nivel económico fue duro.

—Existe en la gente esa fantasía de que los ­actores siempre tienen dinero, y que nunca les falta nada…

—Los actores cobramos un dinero, pero debemos organizarnos para luego vivir durante el tiempo que no tenés trabajo. Si bien yo tengo, por suerte, una continuidad de trabajo, uno cobra y tiene que ver cómo se maneja hasta que salga otro proyecto.

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—Vamos a la película. Tu personaje, Carla, está en un lugar distinto a lo que generalmente venimos viendo de tu trabajo, que tiene que ver más con comedia o personajes explosivos. ¿Qué fue lo que más te gustó de la propuesta?

—Cuando leí el guion, me pareció un tema difícil de abordar para un director y una actriz, de encarnar algo tan duro, y me dio muchísimas ganas de hacerla. Si bien mis primeros trabajos eran más dramáticos, luego mi carrera fue hacia la comedia, y me habían convocado nuevamente para el género, pero yo quería tener otro tipo de desafío. Carla es una luchadora, carga un poco con la culpa qde ue lo que le pasa es por trabajar en un caso de trata. Fue complejo, ver de dónde te agarras para componerla: soy madre, y la peor pesadilla es que le pase algo a tu hijo. Una película que habla sobre esto es una película que se la juega. Investigué mucho sobre la trata de niños, dónde los llevan, cómo los llevan, cuánto tiempo tardan en desaparecer, y no se los encuentra más. Viendo el trabajo de Missing Children, testimonios de madres. Me encantó interpretar a Carla y bucear en sus sentimientos y poder entregarme.

—Esta historia siempre la cuenta el cine con Liam Neeson o antes con Charles Bronson a la cabeza buscando venganza, pero acá es otro tipo de abordaje...

—Acá hay un peso diferente, y Carla siente que es todo su culpa. Actoralmente, estando sumergida en la historia, viví todo de manera muy intensa, se mezclaba mucho todo, e incluso llegué a quebrarme.

—¿Ya eras madre cuando rodaste la película?

—Sí, era bebito, y si bien intenté no recurrir a su imagen, para que no me haga tan mal, se me presentaba. Igual apelé mucho a la memoria emotiva, estuve muy concentrada, atenta, a lo que iba pasando y sucediendo.

—Además de su propia búsqueda, Carla debe lidiar con la de otros niños, su madre enferma y su expareja...

—Sí, y desde allí comienza su búsqueda, en ese pueblo fantasma para ver si encuentra alguna pista más.

—Su impulso también tiene que ver con una idea de la Justicia que no acompaña a aquellos que la necesitan, y esto atraviesa de manera potente todo el relato...

—En nuestro país lamentablemente la Justicia es muy lenta, muy lenta. Si bien con los niños intentan moverse rápidamente, hay dificultades y trabas, cada partido de la provincia de Buenos Aires tiene su negocio, cosas del conurbano profundo que no vemos, hay muchos niños desaparecidos. Se me eriza la piel. Cuando terminé la película quedé muy perseguida con mi hijo, iba a la plaza y no quería perderlo de vista un segundo. En la película me concentré mucho y estuve muy triste durante el rodaje, a Carla la hice carne y estuve muy inmersa en la historia. Aún después de terminarla, varias semanas, quedé muy afectada, por esas historias, esas madres, que no saben dónde están sus hijos.

—Y el tiempo en un caso de desaparición de un niño es importante…

—Claro, hay muchos niños que involucionan, pierden el habla. Este personaje me hizo aprender muchísimo sobre la trata, la actuación te permite eso, aprender mucho, vivir otras vidas.

—¿Cómo conectaste con los compañeros? ¿Habías trabajado anteriormente con alguno de ellos?

—Con Manuel había trabajado en 2003, en mi primera película “comercial”, en San Luis. Me gusta mucho trabajar con él, está presente, escucha, conecté mucho, también con Ana, con Javier, con Victoria, y eso se ve, y también con el equipo técnico, que todos vivenciamos de una manera única lo que se contaba. Había mucho silencio y compromiso en el set, un clima muy respetuoso, hacia mi trabajo y el de todos, todos sabíamos que estábamos trabajando en una propuesta particular y creo que nadie salió igual de la película. Todos los rubros hicieron su trabajo de una manera muy profesional, muy dedicados.

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