Crónicas marcianas en Meridiano V

La “Zona 72” ha sido una fuente inagotable de misterios en nuestra ciudad, un territorio donde la idea de que tenemos una vida “solos” parece cada vez más absurda.

Un gato acechaba la luna, como un ladrón. Eso fue lo primero que le llamó la atención a Juan Capaccioli; un gato que no era del barrio estirando el cuello hacia lo alto, arriba del techo de su casa. Maullaba reclamando una atención que el hombre no le prestaba, ocupado en abrir con el hombro la puerta difícil y chirriante. Y siguió maullando monótonamente un rato largo, aunque el tiempo había cambiado y se escuchaba el sofocado rumor sin ganas de la lluvia contra la ventana. “Debe ser hambre”, le dijo la esposa.

Pero el hombre no salió con un plato con leche, sino con una escoba. El gato seguía allí maullando hacia lo alto, abstraído de todo, sin importarle el agua que resbalaba por su cuerpo. El hombre siguió la mirada del animal y lo que vio lo dejó con la escoba suspendida entre las manos en medio de la detenida respiración de la calle; con los bigotes abrillantados por la llovizna, miraba entre la nubosidad del cielo una enorme luz circular, que se movía arbitrariamente entre esos relámpagos que ya habían comenzado a rajar el cielo entre el sordo retumbar de los truenos.

La franja de un kilómetro de largo por 100 metros de ancho, entre las calles 13, 22, 71 y 72, fue bautizada por los platenses como la “Zona 72”. Hace más de 70 años allí se registró por primera vez una cantidad inusitada de avistajes de ovnis, los cuales fueron arduamente investigados por la Fundación Argentina de Ovnilogía (FAO) y difundidos por los medios locales de aquella época. Desde entonces, “la Zona 72” suscita teorías sobre el significado de esos avistajes.

La noche en que Juan Capaccioli divisó en el cielo ese objeto misterioso, sintió también una tormenta de pasos venir hacia él. La familia Luzuriaga en pleno había cruzado corriendo la calle para confirmar que habían visto lo mismo que él y compartir su temor y asombro. No fueron los únicos. A la mañana siguiente en las veredas y en los negocios proliferaban los testigos de ese fenómeno que cada quien explicaba de una manera distinta, pero todos coincidían en no haber visto nada así nunca en su vida.

Kevin Palma, “conspiranoico” y estudiante de Periodismo, se encomendó a rastrear los hechos y relatarlos a través de su blog; se comunicó con los vecinos y poco después difundió algunos testimonios valiosos mediante sus redes sociales. Tales acontecimientos paridos en la hora nocturna, viciaron con su horror la vigilia de la gente del barrio.

El sábado 12 de octubre de 2019 estaba con sus amigos por la zona de 19 y 72; estaba pronosticada una tormenta eléctrica, pero aún no llovía y decidieron quedarse un rato más tomando cerveza. “En un momento los rayos comenzaron a ser cada vez más seguidos. En el trueno más fuerte que escuché en mi vida vi a un gato aparecer de la nada, literalmente estaba todo vacío y de un momento al otro, después del rayo, el gato estaba ahí en la rambla”.

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Pero lo más extraño de todo fue que el animal parecía envuelto por un aura, como si estuviera dentro de una burbuja de luz que no lo abandonó en todo el trayecto en que trotó hasta perderse en la noche. Camino a su casa, Kevin registró un detalle que habría sido más real si hubiera ocurrido en un sueño: carteles de gatos encontrados, con collares y dueños que los reclamaban por doquier.

El fenómeno ovni nunca desapareció del radar platense; la “Zona 72” se convirtió en un territorio pionero que desde los márgenes de la ciudad puso el alerta sobre algo que el centro tendrá que aceptar.

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