cultura

El cantor de la bronca nacional

Entre el hippismo y la militancia, Miguel Cantilo ha construido a lo largo de las décadas una obra que no ha perdido vigencia.

Identidad, raíces y evolución convirtieron a Miguel Cantilo en un paradigma de rockero, que protesta, denuncia e ironiza. Cantor, autor y compositor que jamás dejó librado nada a la improvisación o a sus dotes naturales, su mayor preocupación ha sido, y es, versificar y expresarse con altura. Desde sus comienzos se destacó por sus letras trabajadas, llenas de sencillez, rebeldía y esperanza.

En 1972 llegó la censura y en pleno apogeo pasó a ser “underground”; durante cinco años (del 75 al 80) recorrió varios países y aunque no pudo colocar ningún éxito, ni grabar, se consolidó como rockero, e incorporó ese movimiento musical como una forma de vida. No obstante, consiguió a través de sus recitales una comunión férrea con la juventud. El propio Cantilo lo explicaba de la siguiente forma: “Hay algo que va más allá de la intención de uno, son las canciones hechas y lo que ha quedado de ellas. La gente se las ha apropiado y cuando piden una canción hecha hace años, que cantan y repiten, es porque ya ha pasado a ser más de ellos que mía”.

Miguel Cantilo y Jorge Durietz se presentaban haciendo covers de The Beatles en fiestas como un trío vocal (junto a Guillermo Cerviño). El verano de 1968 viajaron a Punta del Este, donde organizaban zapadas en las playas. «Al rato se nos juntaban como 50 personas alrededor nuestro. Ahí nos empezamos a avivar de que algo pasaba», relata Cantilo. Comenzaron a cantar públicamente en La Fusa, un café bar de la ciudad balnearia uruguaya, que frecuentaban Jorge Schussheim, Carlos Perciavalle, Nacha Guevara y Susana Rinaldi.

Apadrinados por Horacio Molina, llegaron a CBS para grabar el simple «Yo vivo en esta ciudad» / «Los caminos que no sigue nadie» (1970). Aún no tenían decidido el nombre del dúo: «Si le poníamos Jorge y Miguel parecía nombre de coiffeurs; si le poníamos nuestros apellidos, no quedaba bien porque no se usaba. Había una onda de poner nombres históricos y entonces elegimos Pedro y Pablo, primero porque tenía que ver con la Biblia, después porque tenía que ver con un libro de moda en las librerías y después porque tenía que ver con Pedro y Pablo Picapiedras», recuerda Cantilo.

Líderes del folk contestatario, este dúo tuvo su primer gran éxito con «La marcha de la bronca», tema con el cual ganaron el Segundo Festival de la Música Beat y luego con «Catalina Bahía», compuesta por Cantilo a su novia. El álbum «Conesa» (1972) fue presentado en el Festival B.A.Rock, ante casi 20 mil espectadores.

Para Miguel Cantilo el rock – como forma de vida- debía ser concebido como alternativa contracultural, en revolución constante: “La primera movida del rock la dio Elvis Presley, un chico que sale de la masa cantando canciones eufóricas, representando al pueblo a través de una música muy rítmica. Es el sentir y la mediación popular. Después los Beatles consolidaron eso e hicieron una obra que es la escuela del rock; si uno quiere estudiar rock tiene que agarrar la obra de ellos desde el primer disco hasta el último”. Asimismo, aseguraba Cantilo, el rock es algo que tiene mucho que ver con la política, pero no con la política partidista, sino con una política universal, de oposición, no agresiva ni puramente verbal, sino activa, de la vida diaria.

Actualmente, Cantilo afirma andar calmo y bucólico, mantener su Tai chi chuang diario y, cuando la estación o la circunstancia lo permiten, hace natación. “Pero muy moderado con el ejercicio para no creer que puedo permitirme hacer aquello para lo que ya no me da el cuero”, dice el cantautor que, además de aquello, prosigue con la sana costumbre de grabar discos. El flamante se llama Amigo. Es el trigésimo sexto que saca desde el legendario Yo vivo en esta ciudad con Pedro y Pablo; lo que es índice de su buenas salud artística, tanto en los estudios de grabación como en los escenarios, como lo demostró hace pocos meses presentándose en Berisso.

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