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La oriental que se salvó de la horca y triunfó en Hollywood
Se llamaba Yoshiko Yamaguchi, era china hija de japoneses, lo que casi le cuesta la vida. En Estados Unidos se convirtió en una celebridad.
Los chinos la bautizaron Li Xiang Lan, los japoneses Ri Ko Ran, pero su verdadero nombre era Yoshiko Yamaguchi. Sus ojos eran de un tamaño insultante: no parecía de ninguno de ambos países. Lo cierto es que, nacida de padres japoneses en el nordeste de China, nunca escondió sus orígenes nipones. Un secreto que, sin embargo, afloró en las postrimerías de la guerra y que a punto estuvo de costarle la carrera y la vida; y le permitiría tener una comprensión más profunda de las complejas relaciones entre China y Japón.
Sólo se salvó de ir a la horca por colaboracionista porque era japonesa para los chinos y china para los japoneses, y no podían juzgar por traición a una extranjera. Yoshiko había nacido en la localidad de Fushan, en Manchuria, donde se había trasladado su padre, que trabajaba en la compañía de ferrocarriles South Manchuria. A los 13 años, un influyente amigo chino de la familia, que se convirtió en su padrino, le puso el nombre chino Li Xianglan (Orquídea fragante), que más tarde se convertiría en su nombre artístico.
Era empleada en el Ferrocarril del Sur de Manchuria. En su juventud enfermó de tuberculosis y el médico le recomendó clases de canto con el fin de fortalecer la respiración. Su padre le sugirió la música tradicional japonesa, pero la joven Yoshiko optó por la música occidental y recibió una educación vocal clásica de una soprano dramática italiana casada con un ruso. En 1946, cuando fue liberada en Japón creyó que su vida estaba terminada, hasta que Akiro Kurosawa- uno de los mayores directores cinematográficos de la historia- la puso en una de sus películas: El ángel ebrio, con Toshiro Mifune.
Poco después Hollywood se la llevó, anunciando el advenimiento de una nueva Madame Butterfly: las puertas de Broadway se abrieron para Yoshiko, mientras Japón la esperaba como a una hija pródiga. Fue renombrada como Shirley Yamaguchi en las películas rodadas en Hollywood tituladas House of Bamboo y Japanese War Bride. Por entonces, estuvo casada con el famoso diseñador y escultor japonés Isamu Noguchi: el vínculo matrimonial sólo cinco años; hasta el día Yoshiko se cansó de hacer de esposa japonesa entre paredes de papel y un aburrimiento extremo.
No obstante, su carrera en Hollywood nunca alcanzó vuelo, lo mismo en Broadway: debut y despedida con el fallido musical Shangri-La. En la década de 1960, le ofrecieron conducir un programa televisivo: iba a las tres de la tarde, para amas de casa japonesas, pero en aquel momento el mundo estaba demasiado convulsionado: Vietnam, revueltas estudiantiles, luchadores por la liberación tercermundista.
Micrófono en mano, desde el lugar de los hechos, Yoshiko lograba lo que ningún otro periodista era capaz de conseguir. La pasaron a horario central, entrevistó a Kaddafi en Libia, a Arafat en Palestina y a Kim Il Sung en Corea. A propósito de aquel célebre programa conducido por Yoshiko, Juan Forn escribió que había logrado que una campesina vietnamita dijera a cámara, delante de un yermo incinerado por napalm: "Hace cientos de años que los extranjeros tratan de conquistar nuestra tierra. Para nosotros no hay diferencia entre ellos. Esta es la tierra de nuestros antepasados. Nosotros permaneceremos. Ellos se irán”.
Cuando la echaron de la televisión, entró en política, llegó al Parlamento japonés, duró tres períodos seguidos como diputada hasta que se retiró para crear el Fondo de Reparación de Mujeres Asiáticas, un proyecto que puso los pelos de punta al mismo tiempo a feministas y reaccionarios en Japón, Corea y China.
La historia de su azarosa vida se plasmó en numerosos dramas y musicales, que aún hoy están en cartelera y ella misma la relató en una autobiografía, publicada en 1987 con el título La mitad de mi vida como Ri Koran (la pronunciación japonesa de Li Xianglan). Murió el 7 de septiembre de 2014, a los 94 años.
