Reforma laboral y ajuste en manos de los empresarios

La reforma impulsada por el Gobierno flexibiliza las relaciones laborales, permitiendo a las empresas endurecer controles, evaluaciones y condiciones de trabajo.

Uno de los puntos más polémicos de la reforma que impulsa la administración de Javier Milei, es la modificación del esquema de indemnizaciones por despido, no solo por la medida en sí, sino por el alcance de la misma. Al abaratarse el costo de las desvinculaciones, se habilita un cambio más profundo en la relación entre empresas y trabajadores, con un impacto directo en las condiciones de trabajo, los mecanismos de control interno y los criterios de evaluación del desempeño.

Las pequeñas y medianas empresas, que concentran alrededor del 60% del empleo formal en la Argentina, quedan en el centro de este proceso. Presionadas por la apertura importadora, la competencia externa y los cambios tecnológicos, muchas pymes avanzan en procesos de reorganización interna con un respaldo normativo que reduce los límites al ajuste laboral.

En ese escenario, la reforma funciona como una señal política clara. El Estado se corre de su rol de equilibrio y habilita a las empresas a redefinir plantillas, elevar exigencias y endurecer controles, con menores costos económicos y legales. La flexibilidad que promueve el Ejecutivo no se traduce en mejores condiciones de empleo, sino en una mayor asimetría de poder dentro de las organizaciones.

A medida que despedir se vuelve más barato, también se vuelve más sencillo imponer cambios en las reglas de juego internas, redefinir objetivos o reemplazar trabajadores sin necesidad de sostener procesos de negociación o inversión en desarrollo profesional.

Capital humano bajo presión

En este contexto, la gestión del desempeño adquiere un rol central. Según datos de la consultora AO Consulting, el 94% de las organizaciones de América Latina aplica evaluaciones de desempeño, aunque en el universo pyme del país, el 54% todavía utiliza planillas de Excel para administrarlas. Esa precariedad metodológica convive con una creciente utilización de las evaluaciones como herramientas de control más que de acompañamiento.

Los especialistas advierten que, en marcos de flexibilización laboral, estos sistemas pueden convertirse en instrumentos para justificar despidos, congelar carreras o aumentar exigencias, especialmente cuando los objetivos están mal definidos o las evaluaciones se reducen a instancias formales.

Tecnología y control

Por otra parte, la incorporación de sistemas digitales promete mayor orden y trazabilidad, pero también refuerza la capacidad de monitoreo permanente. Al sustituir herramientas manuales por software especializado, las empresas pueden medir con más detalle resultados y comportamientos. Con una reforma laboral que abarata el despido como marco, esas tecnologías corren el riesgo de profundizar la presión sobre los trabajadores si no existen garantías claras de uso transparente.

|Lejos de fortalecer el empleo, la iniciativa oficial consolida un modelo donde la competitividad se apoya en la reducción de derechos y en el endurecimiento de las condiciones de trabajo. Un escenario que profundiza la incertidumbre y debilita la estabilidad laboral.

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