El FMI pronostica crecimiento pero exige profundizar el ajuste
El organismo proyecta un repunte económico, pero condiciona esa mejora a más recortes, disciplina fiscal y control del gasto público.
El Fondo Monetario Internacional (FMI) volvió a marcar el rumbo de la política económica argentina con un pronóstico que, lejos de resultar alentador, funciona como una advertencia. En su último informe de Perspectivas de la Economía Mundial, el organismo asegura que la economía nacional crecerá un 4% en 2026 y otro tanto en 2027. Sin embargo, ese repunte queda estrictamente condicionado a la continuidad de los ajustes y a la capacidad del gobierno de Javier Milei para contener las tensiones inflacionarias y sociales que su propio programa genera.
El vaticinio se presenta como un espaldarazo a la estrategia oficial de recortes, endeudamiento y desmantelamiento de estructuras productivas. El FMI celebra un supuesto efecto rebote tras la fuerte contracción de 2024, pero omite que ese repunte se apoya en un ajuste feroz que deteriora salarios, destruye empleo y profundiza la desigualdad.
El espejismo del crecimiento
El documento sostiene que el repunte del PBI se explica por la normalización gradual de desequilibrios fiscales y monetarios, y por una recuperación del sector externo. En los hechos, lo que se describe es un rebote técnico posterior a un desplome provocado por las propias políticas de ajuste. El Fondo presenta la contracción previa como un sacrificio necesario y el repunte como recompensa, pero detrás de esa narrativa se consolida un modelo que privilegia a los acreedores y posterga las necesidades de la sociedad.
Cabe mencionar que mientras el FMI proyecta mejoras para la Argentina, país sometido a sus exigencias y principal deudor del organismo, pronostica un desempeño más débil para Brasil, que no depende de sus recetas. La mayor economía de la región crecería apenas 1,6% en 2026, tres décimas menos que lo previsto en octubre. El organismo atribuye esa desaceleración a condiciones financieras internas más duras, y a una política fiscal menos expansiva.
Ajuste perpetuo y vulnerabilidad regional
Por otra parte, el informe subraya que América Latina continúa expuesta a shocks externos como la caída de los precios de las materias primas, la reversión de los flujos de capital o el recrudecimiento de tensiones geopolíticas. En ese contexto, la Argentina aparece como un escenario de ajuste permanente. El FMI condiciona cualquier expectativa de crecimiento a la continuidad de un modelo que recorta derechos, debilita el mercado interno y profundiza la dependencia financiera.
El respaldo del organismo a Milei no es casual. Se trata de una validación política que busca consolidar la idea de que el ajuste es inevitable, y que no existe alternativa posible.
En este caso, la intimación no proviene de tribunales, sino de un poder económico global que dicta las reglas y celebra el sacrificio social como si fuera un mérito. El rebote del 4% aparece así como un espejismo dentro de un contexto de deterioro estructural. El verdadero mensaje del Fondo es que el ajuste no termina y que el crecimiento solo será tolerado si se mantiene la disciplina del recorte y la subordinación a la lógica de la deuda.
