La demanda eléctrica retrocede y refleja la parálisis económica
En noviembre el consumo eléctrico bajó 3,2% en hogares, comercios e industrias, evidenciando el impacto del ajuste del Gobierno libertario.
El consumo de energía eléctrica en Argentina cayó 3,2% interanual en noviembre, según Fundelec. La baja alcanzó a hogares, comercios e industrias y confirma el retroceso de la actividad económica, en un contexto donde el Gobierno nacional insiste en el superávit fiscal pero no ofrece medidas de estímulo ni alivio para los sectores afectados.
La demanda neta total fue de 10.712 GWh frente a los 11.064 del mismo mes de 2024, el nivel más bajo para noviembre desde 2021. Aunque hubo un leve repunte respecto a octubre, el acumulado de once meses muestra una caída de 0,4%. Los hogares, que representan el 43% del consumo, redujeron su demanda 2,8%. El sector comercial, con un 28% de participación, retrocedió 6,5%. Las industrias, que abarcan casi el 30%, bajaron 0,4%.
AMBA en retroceso
El Área Metropolitana de Buenos Aires, que concentra el 30% del consumo nacional, registró una caída de 3,9%. Edenor redujo su demanda en 3% y Edesur en 4,6%. La baja se dio incluso con temperaturas menores a las del año anterior, lo que refuerza que la crisis económica es el factor determinante y que la falta de políticas de incentivo agrava el escenario.
Provincias y evolución anual
En noviembre, 16 provincias marcaron caídas en el consumo, con Misiones (-33%), Formosa (-12%) y Chaco (-11%) entre las más afectadas. En contraste, Santa Cruz (+13%), Chubut (+10%) y Neuquén (+9%) mostraron subas, aunque insuficientes para revertir la tendencia nacional.
En los últimos doce meses, la demanda tuvo ocho meses de baja y sólo cuatro de suba. El año móvil cerró con una caída de 0,6%, reflejando que la contracción es persistente y que la recuperación sigue sin aparecer.
La caída del consumo eléctrico es un indicador claro de la debilidad económica. Hogares que consumen menos, comercios que reducen su actividad y fábricas que ajustan su producción son señales de un país que no logra recuperar dinamismo. Sin un plan oficial que combine disciplina fiscal impuesta por el Gobierno con políticas de crecimiento, la baja en la demanda energética puede convertirse en un síntoma persistente de estancamiento y en una advertencia sobre el costo social de la inacción oficial.
