La inflación en alimentos no cede y sigue golpeando la economía familiar
Pese al discurso oficial sobre la baja de los precios, el relevamiento semanal mostró aumentos en productos básicos como carne y verduras.
La tercera semana de enero volvió a exponer una realidad que contrasta con el optimismo oficial. La inflación en alimentos continúa presionando la economía de los hogares. Aunque el promedio semanal mostró una suba moderada, la composición de los aumentos dejó en evidencia que los productos esenciales siguen encareciéndose y condicionan el consumo cotidiano.
Un relevamiento privado indicó que alimentos y bebidas registraron un incremento promedio del 0,2% semanal. Sin embargo, detrás de ese dato aparecen aumentos concentrados en rubros clave de la canasta básica, lo que refuerza la percepción social de que el costo de vida sigue en alza. En un contexto de ingresos deteriorados, los precios de los alimentos funcionan como el principal termómetro económico.
El peso de los alimentos frescos en la inflación
Carnes y verduras encabezaron los aumentos de la semana, con subas superiores al 3% en verduras y cercanas al 2,5% en las carnes. Se trata de productos de consumo diario y con fuerte incidencia en la canasta básica, por lo que su evolución impacta de manera directa en el gasto de los hogares.
Estos incrementos explicaron la mayor parte de la variación semanal y volvieron a encender las alarmas sobre la inflación alimentaria. Aunque otros rubros registraron bajas, la magnitud de las subas en alimentos frescos terminó imponiéndose y reforzó la sensación de pérdida de poder adquisitivo, especialmente en los sectores de ingresos medios y bajos.
La persistencia de estas subas deja en evidencia la falta de efectividad de la estrategia oficial para contener la inflación. Mientras el Gobierno celebra desaceleraciones generales, la realidad en góndolas y mercados barriales muestra otra dinámica.
Bajas parciales que no alcanzan para aliviar
El informe también relevó descensos en productos de panificación, cereales, pastas, bebidas y algunos lácteos, con caídas que ayudaron a contener el promedio general. No obstante, estas bajas resultaron insuficientes para compensar el impacto de los aumentos en carnes y verduras, que siguen empujando la inflación desde el núcleo de la canasta.
La dispersión de precios volvió a ampliarse, ya que más productos registraron aumentos respecto de la semana anterior, una señal que suele anticipar nuevas presiones inflacionarias. Aunque el promedio mensual de alimentos se mantiene por debajo del 1% por primera vez en varios meses, la mejora es frágil y depende de rubros volátiles y de factores estacionales.
En ese escenario, la inflación alimentaria sigue siendo uno de los principales límites del programa económico. Sin una recomposición de ingresos ni políticas activas sobre los precios esenciales, la desaceleración pierde impacto real y queda reducida a un dato que no se traduce en alivio concreto para el consumo cotidiano.
Así, más allá de las estadísticas, la inflación en alimentos sigue activa y expone los límites del esquema económico actual. Mientras los precios de los productos básicos no encuentren un ancla real, la desaceleración seguirá siendo más discursiva que tangible para millones de consumidores.
