Santiago Cúneo impulsa una revolución confederal en Buenos Aires

El dirigente peronista busca transformar la provincia de Buenos Aires con una propuesta nacionalista que desafía al orden político vigente.

Cuando todavía retumban los ecos de la derrota cristinista en las elecciones de octubre de 2025, el Partido Justicialista parece ignorar los riesgos de su propia endogamia. Atrasado en formas y métodos, insiste en un axioma político sin sentido, atado al fracaso de una clase dirigente egoísta.

Con este panorama, surge una pregunta obligada: ¿la Argentina ha muerto? ¿La provincia de Buenos Aires, cuna del Restaurador Juan Manuel de Rosas, es hoy un territorio sin raíces ni memoria colectiva de su identidad? ¿O apenas un mapa dominado por punteros que mantienen de rehenes a sus comprovincianos, negociando con el hambre y la necesidad de hombres y mujeres que ya no sienten la Patria y sobreviven a la deriva, huérfanos de destino?.

Ese vacío doctrinario se refleja en el presente del peronismo. Para muchos, Perón está muerto si nadie lo rescata del secuestro del progresismo liberal. ¿Cómo se llegó a este presente? La respuesta, según algunos sectores del nacionalismo peronista, es simple: el problema está adentro. Es un enemigo silencioso que se manifiesta cuando ya es tarde. Un proceso histórico de colonización cultural, política y económica que, tras décadas de avance, terminó haciendo explotando.

Desde ese diagnóstico aparece la necesidad una salida real. No solo un recambio cosmético, sino una revolución conducida por alguien capaz de devolver identidad y rumbo al movimiento.

Del fracaso de la “unidad” a la construcción confederal

En el marco de la última elección, una experiencia fallida condensó todas las contradicciones del peronismo contemporáneo: una lista que mezcló dirigentes enfrentados entre sí, armados electorales inconsistentes y una “unidad” que terminó siendo un rejunte sin rumbo. Incluso el gobernador Axel Kicillof fue sometido a destratos y agravios en nombre de una estrategia que fracasó.

En ese escenario, algunos decidieron dar la batalla desde otro lugar: construir un nacionalismo peronista con instrumentos propios, sin aceptar nuevas infiltraciones ni operaciones políticas. De ese proceso emergió una expresión bonaerense, moderna y aggiornada de la ortodoxia nacionalista, que logró consolidar una trinchera confederal con más de 120 mil votos, entendidos como la siembra de una cosecha futura.

Mientras el peronismo tradicional parece concentrado en la construcción de una candidatura presidencial sin debate interno, la cuestión central permanece vacante: si no hay revolución política, ¿quién gobernará la provincia de Buenos Aires para sostener un proyecto nacional? Los nombres que circulan remiten, en su mayoría, a intendentes atrapados en el sistema del fracaso, más preocupados por la reelección indefinida que por un proyecto transformador.

En ese contexto, la aparición de pintadas en distintos puntos de la Provincia y reuniones de dirigentes en la costa atlántica bajo la consigna “Santiago Cúneo gobernador”, comenzó a leerse como algo más que una expresión testimonial. Para sus promotores, es el anuncio de una batalla concreta por el poder bonaerense, una Provincia que ya no estaría dispuesta a aceptar políticas de sometimiento ni complicidad con la entrega.

Un proyecto para Buenos Aires con programa y confrontación real

Cúneo, dirigente político de 55 años, conoce en profundidad la lógica del poder y la relación entre conducción política y financiamiento. Desde una sala de situación propia, articula diagnóstico, estrategia y programa. Con un discurso frontal, desafía al status quo de un sistema político que se presenta como antagónico en la propaganda, pero opera como una misma estructura bifronte que estafa al pueblo argentino desde hace décadas.

Lejos de plantearse como un obstáculo para el actual gobernador, sostiene que nada mejor que un bonaerense para conducir la Nación y que nada mejor para la provincia de Buenos Aires que un nacionalista rosista y peronista. Su propuesta se apoya en una revolución económica provincial que plantea la salida inmediata del sistema de coparticipación, al que acusa de quitarle a la provincia seis de cada diez pesos que recauda, y la retención del ciento por ciento de impuestos, tasas y contribuciones en manos del Gobierno bonaerense y sus municipios, ordenando la recaudación a través de ARBA y el Banco Provincia y fortaleciendo plenamente las autonomías municipales.

El programa incluye un sistema de crédito directo desde el Banco Provincia para emprendimientos productivos y comerciales, sin tasa de interés, bajo un modelo de fomento y asociación en el que la banca pública asume el riesgo empresario. También propone la recuperación integral de los puertos bonaerenses, la emisión de moneda provincial como herramienta constitucional para impulsar el desarrollo, la eliminación del IVA a los alimentos, la obligatoriedad del compre bonaerense para el Estado provincial y municipal y para el cincuenta por ciento del sector privado, y la reinversión del cincuenta por ciento del presupuesto anual en obra pública.

En el plano institucional, impulsa la creación de un Congreso unicameral, una reforma constitucional hacia un modelo confederal con mandatos de seis años y renovaciones parlamentarias parciales cada tres, y una transformación profunda del sistema judicial, eliminando su carácter de poder del Estado para convertirlo en un servicio de Justicia, con jueces elegidos por los colegios de abogados, fiscales por voto popular y sentencias por jurado. En materia de seguridad, propone la militarización de la Policía Bonaerense en el combate directo contra el narcotráfico.

En educación, plantea la eliminación de los subsidios a la enseñanza privada y la restitución total de esos recursos a la educación pública y gratuita. También propone terminar con el juego online, al que define como un sistema de saqueo instaurado durante el gobierno de María Eugenia Vidal, que fomentó la ludopatía, especialmente en menores, y generó recaudaciones multimillonarias sin control estatal. A ello suma la eliminación del sistema de multas por cámaras tercerizadas, que considera un esquema de recaudación fraudulento en beneficio de empresas privadas y funcionarios corruptos, en detrimento de los municipios y los ciudadanos.

En un peronismo que muchos definen como vacío de ideas, sin personalidad y sin vocación transformadora, Cúneo se presenta como un dirigente del siglo XXI con anclaje doctrinario, y alineamiento internacional al nuevo eje de la euroasia como definición primaria que honra el apotegma del general Perón cuando decía que “la única política importante, es la política internacional”. Desde la provincia de Buenos Aires, concebida como un país en sí mismo, busca rescatarla del centralismo y proyectarla como base de un modelo confederal con vocación de potencia regional.

Patria, familia y Dios sintetizan un proyecto que pretende romper con la administración del fracaso y disputar poder real desde el corazón del territorio bonaerense.

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